Definición
El análisis funcional de la conducta es la metodología central del conductismo radical desarrollado por Burrhus Frederic Skinner a partir de The Behavior of Organisms (1938) y consolidado en Science and Human Behavior (1953). Su premisa metodológica es que la explicación científica de la conducta no debe apelar a estados mentales internos inaccesibles, a rasgos disposicionales hipotéticos ni a causas remotas incapaces de operacionalización, sino que debe identificar las relaciones funcionales sistemáticas entre la conducta y las variables ambientales presentes en su historia individual y en su contexto actual. El análisis funcional descompone cada episodio conductual en tres términos, la llamada contingencia de tres términos: los estímulos antecedentes o discriminativos que anteceden a la respuesta y señalan las condiciones bajo las cuales una consecuencia probable ocurrirá, la respuesta u operante propiamente dicha, y las consecuencias que siguen a la respuesta y que modifican la probabilidad futura de su ocurrencia. Cuando la consecuencia aumenta la probabilidad de la respuesta hablamos de reforzamiento —positivo si se añade un estímulo apetitivo, negativo si se retira un aversivo—, y cuando la disminuye hablamos de castigo. Skinner introduce esta lógica en un marco filosóficamente ambicioso: el conductismo radical no niega la existencia de eventos privados como pensamientos o sensaciones, sino que sostiene que estos son también conductas, sujetas a las mismas leyes funcionales, y no causas ocultas que operen desde un dominio mental aparte. El análisis funcional, aplicado a la clínica, desplaza el diagnóstico topográfico —qué síntoma presenta el paciente— hacia el diagnóstico contingencial —bajo qué antecedentes y con qué consecuencias mantiene el paciente esa conducta— y funda toda la tradición del análisis conductual aplicado (Applied Behavior Analysis) que se desarrolla desde los años sesenta en intervención sobre autismo, discapacidad intelectual, gestión educativa, adicciones y cambio conductual en salud pública. Ha sido criticada por reduccionismo ambientalista, pero también integrada de modos productivos por las terapias contextuales contemporáneas como FAP, ACT y DBT.