Definición

La deconstrucción, término que Jacques Derrida forja retomando la palabra alemana Abbau usada por Heidegger y traduciéndola al francés como déconstruction, designa una estrategia de lectura y de intervención sobre los textos filosóficos que Derrida despliega desde De la gramatología (De la grammatologie, 1967) y las publicaciones simultáneas de La escritura y la diferencia y La voz y el fenómeno, prolongándose a lo largo de su vasta obra posterior. Conviene precisar de entrada que la deconstrucción no es un método en el sentido tradicional de un procedimiento reglado aplicable desde el exterior a un objeto pasivo, ni una crítica en el sentido de una demolición o refutación, ni un análisis en el sentido de una descomposición en partes elementales, aunque conserva algo de todos estos gestos sin identificarse con ninguno. Derrida la caracteriza más bien como una lectura atenta que se deja llevar por las tensiones internas del texto hasta identificar aquellos puntos en los cuales el texto se pone en cuestión a sí mismo, dice más de lo que quería decir y muestra que sus oposiciones estructurantes descansan sobre presupuestos que ellas mismas no pueden fundamentar. La operación tiene dos momentos indispensables e inseparables. En primer lugar, un momento de inversión, en el cual se invierte la jerarquía de la oposición metafísica examinada, oposición que en la tradición occidental privilegia siempre uno de los términos sobre el otro, tal como el habla sobre la escritura, la presencia sobre la ausencia, lo sensible sobre lo inteligible, lo masculino sobre lo femenino. En segundo lugar, un momento de desplazamiento, en el cual el término subordinado, una vez situado en la posición dominante, se muestra a su vez incapaz de sostenerse sin remitir estructuralmente a su contrario, con lo cual la oposición misma queda desestabilizada y se abre el espacio para un nuevo pensamiento no dominado por la lógica binaria. La deconstrucción no propone una nueva doctrina positiva ni una síntesis dialéctica, sino que interviene desde el interior de los textos para mostrar que la tradición metafísica de la presencia, en la cual se inscribe la mayor parte de la filosofía occidental, se sostiene mediante exclusiones sistemáticas que la propia tradición no puede justificar. La deconstrucción posee así una dimensión ética y política que Derrida explicitará crecientemente en su obra tardía.

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