Definición
El estado agéntico (agentic state) es la categoría teórica que el psicólogo social estadounidense Stanley Milgram acuña en Obediencia a la autoridad (Obedience to Authority: An Experimental View, 1974) para dar cuenta del hallazgo perturbador de sus célebres experimentos sobre obediencia realizados en la Universidad de Yale entre 1961 y 1963. Los experimentos —diseñados originalmente para responder al enigma de los perpetradores comunes del Holocausto tras el juicio de Adolf Eichmann en Jerusalén (1961)— mostraron que aproximadamente dos tercios de los participantes ordinarios accedían a administrar descargas eléctricas presuntamente letales a una víctima inocente cuando así se lo requería una figura de autoridad legítima vestida de bata blanca en un entorno académico prestigioso.
Milgram introduce la noción de estado agéntico para explicar este resultado sin apelar a rasgos disposicionales patológicos de los participantes —que evaluaciones psicométricas previas habían descartado— ni a características culturales específicamente alemanas o autoritarias. Su tesis sostiene que la conducta obediente extrema no requiere sujetos patológicos: emerge de un desplazamiento psicológico normal, aunque especialmente peligroso, en el modo de operar del sujeto bajo autoridad legítima. En el estado autónomo, el sujeto se percibe a sí mismo como origen de sus acciones, evalúa cada conducta según sus propios criterios morales y asume la responsabilidad plena de sus consecuencias. En el estado agéntico, el sujeto reconfigura psicológicamente su relación con la propia agencia: deja de percibirse como autor de sus actos y pasa a percibirse como instrumento ejecutor de la voluntad de otro, transfiriendo a la autoridad la responsabilidad moral de las consecuencias.
Este desplazamiento no exige convicción ideológica ni acuerdo sustantivo con la autoridad. Requiere apenas tres condiciones que Milgram identifica con precisión: primero, el reconocimiento previo de la autoridad como legítima (autoridad científica, jerárquica, política, religiosa); segundo, la ingreso en la relación jerárquica mediante consentimiento voluntario inicial (aceptar participar en un experimento, alistarse en un ejército, aceptar un empleo); tercero, la ideología subyacente que legitima la acción autorizada (la ciencia, la nación, la fe, el mercado). Cumplidas estas condiciones, el sujeto se acomoda al estado agéntico y su capacidad crítica sobre las órdenes recibidas queda considerablemente disminuida.
Milgram identifica además mecanismos psicológicos que sostienen y refuerzan el estado agéntico: fragmentación de la responsabilidad en cadenas jerárquicas, redefinición eufemística de la conducta (no “torturar” sino “aplicar procedimiento estándar”), ajuste progresivo mediante incrementos graduales, ausencia de dispositivos que permitan disidencia efectiva. La convergencia con el análisis de Hannah Arendt sobre la banalidad del mal es tan explícita que Milgram cita a Arendt como interlocutora principal.
El concepto ha sido decisivo para la psicología social, para el análisis de la conducta administrativa en burocracias, para el estudio de crímenes de guerra y perpetradores comunes, y para la ética profesional. Las réplicas contemporáneas del experimento (Burger, 2009) han confirmado la robustez de los hallazgos, con matices metodológicos.