Definición

El gran animal, categoría crítica retomada por Simone Weil especialmente en “La gravedad y la gracia” (1947, publicación póstuma) y en “Echar raíces” (1949), proviene del libro VI de “La República” de Platón, donde Sócrates compara a la multitud política y a la opinión pública con un gran animal cuyos cuidadores estudian sus reacciones, sus gustos, sus gruñidos de agrado y desagrado, y llaman sabiduría al arte de complacerlo llamando bueno a lo que le gusta y malo a lo que le disgusta, sin poseer ningún criterio de verdad al margen de sus preferencias. Weil recupera esta metáfora para articular su crítica radical del colectivismo, del nacionalismo, de la Iglesia como institución y en general de todas las formas modernas de idolatría social. El gran animal designa para ella toda colectividad que se erige en sujeto absoluto y en fuente última de valor, sustituyendo al orden trascendente del bien por la mera adoración de sí misma. En su análisis, tanto el fascismo como el estalinismo, el patriotismo desmedido, el partidismo político y ciertas formas de religiosidad institucional son manifestaciones contemporáneas de este culto al gran animal, en el que el individuo se disuelve en la fuerza impersonal del grupo, renuncia a su discernimiento moral y a la búsqueda de la verdad para adherirse a los movimientos colectivos. Esta crítica se articula con otras nociones weilianas capitales: la fuerza corruptora que atraviesa a los grupos, la raíz auténtica del alma humana que las colectividades destructoras arrancan, la atención como capacidad individual de discernimiento y la gracia como interrupción sobrenatural de la lógica del gran animal. La distinción weiliana entre colectividades legítimas, que nutren la raíz espiritual del ser humano, y colectividades idolátricas es fundamental para su proyecto ético-político.

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