Definición

El concepto de natalidad (natality) constituye una de las categorías más originales de Hannah Arendt y estructura silenciosamente el conjunto de su obra desde su tesis doctoral sobre El concepto de amor en San Agustín (1929), donde ya aparece la fórmula agustiniana initium ut esset homo creatus est, hasta La condición humana (1958), Sobre la revolución (1963) y los ensayos póstumos sobre el juicio. Arendt define la natalidad como el hecho de que cada ser humano, al nacer, aporta al mundo un nuevo comienzo capaz de interrumpir la cadena causal de los procesos previamente iniciados; el nacimiento no es solamente el ingreso biológico en la especie, sino el acontecimiento ontológico por el cual algo radicalmente nuevo aparece en el mundo compartido y se ofrece como principio de acción política irreducible. Frente a la centralidad que la filosofía occidental, desde Platón hasta Heidegger, había otorgado a la mortalidad como horizonte constitutivo de la existencia humana, Arendt desplaza el eje: es la natalidad, y no la muerte, la categoría central del pensamiento político. Esta operación se articula con la distinción entre labor, trabajo y acción en La condición humana: la acción, entendida como iniciación de algo nuevo en la pluralidad del espacio público, es la actividad humana por excelencia y solo es posible porque los seres humanos son iniciadores, esto es, seres capaces de milagros, en el sentido secularizado que Arendt otorga al término. La natalidad fundamenta a la vez el perdón, que libera al pasado de su carga determinante, y la promesa, que estabiliza el futuro abierto; ambas son las capacidades gemelas que hacen posible la acción política en un mundo sin garantías metafísicas. La categoría opera también en la reflexión arendtiana sobre la educación como responsabilidad frente al recién llegado, y ha sido reelaborada por Adriana Cavarero, Julia Kristeva y Bonnie Honig en clave feminista y biopolítica.

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