Definición
La imagen del zorro y el león es una de las metáforas políticas más célebres de Nicolás Maquiavelo, expuesta en el capítulo XVIII de Il Principe (escrito hacia 1513, publicado póstumamente en 1532), titulado In che modo i principi debbano osservare la fede (De qué modo los príncipes deben mantener la palabra dada). Maquiavelo elabora la imagen en el marco de su distinción entre dos modos de combatir, uno mediante las leyes, propio del hombre, y otro mediante la fuerza, propio de las bestias; sostiene que el príncipe debe conocer y ejercer ambos, y añade con provocación deliberada que, siendo la sola vía legal frecuentemente insuficiente en la política real, es preciso saber recurrir bien a las modalidades bestiales. Pero las bestias no son todas iguales: entre ellas, el príncipe debe imitar simultáneamente al zorro y al león. El león es fuerte y puede combatir cara a cara, pero cae en las trampas que otros le tienden; el zorro es astuto y reconoce las trampas, pero no puede defenderse por sí solo contra los lobos. El príncipe que sólo asume la figura del león se expone a ser engañado por adversarios más sutiles; el que sólo asume la figura del zorro se expone a ser sometido por adversarios más fuertes. Es preciso, por lo tanto, ser simultáneamente zorro para reconocer las trampas y león para espantar a los lobos, y quienes sólo se apoyan en la fuerza no entienden la política, y quienes sólo se apoyan en la astucia tampoco. Maquiavelo extrae de esta imagen una consecuencia moralmente escandalosa que ha marcado la recepción histórica del Principe: dado que los hombres son en general malos y no cumplen la palabra que dan al príncipe, el príncipe tampoco tiene por qué cumplirla con ellos, y debe saber colorear elegantemente sus incumplimientos, encontrar siempre razones legítimas para faltar a la palabra dada, aparecer como piadoso, íntegro, religioso y humano sin serlo cuando la conservación del Estado lo exija. La imagen del zorro y el león condensa así la ruptura maquiaveliana con la tradición del espejo de príncipes medieval y humanista, que había pensado la virtud política en continuidad con la virtud moral cristiana, y funda la autonomía moderna de lo político como esfera regida por criterios propios de eficacia y de conservación del poder. La imagen ha sido retomada críticamente por Rousseau, Nietzsche, Gramsci y Foucault, y sigue funcionando como referencia obligada en el análisis contemporáneo del realismo político y de la razón de Estado.