Definición
La distinción entre a priori y a posteriori es una de las bisagras conceptuales del proyecto crítico de Immanuel Kant, formulada sistemáticamente en la introducción de la Crítica de la razón pura (1781, 2ª ed. 1787) y aplicada a lo largo de toda su filosofía teórica, práctica y estética. Kant no inventa la distinción —tiene antecedentes en la escolástica y en Leibniz— pero la reelabora sobre bases nuevas y le confiere un papel arquitectónico. Un conocimiento a priori es aquel que es enteramente independiente de la experiencia, no en el sentido genético de que se produzca sin ocasión sensible alguna, sino en el sentido epistémico de que su validez no descansa en dato empírico particular alguno y de que sus rasgos característicos son la necesidad estricta y la universalidad. Un conocimiento a posteriori, en cambio, es aquel cuya validez depende de la experiencia, es contingente y su universalidad es solo comparativa o inductiva. La distinción se cruza con la otra distinción kantiana fundamental, la que separa juicios analíticos —donde el predicado ya está contenido en el concepto de sujeto— de juicios sintéticos —donde el predicado añade contenido nuevo—, y produce cuatro combinaciones posibles. La analítica a priori (todo triángulo tiene tres lados) es trivial pero no amplía el conocimiento. La sintética a posteriori (los cuervos son negros) amplía el conocimiento pero no es necesaria ni universal. La analítica a posteriori es inexistente. Y la sintética a priori, categoría propiamente kantiana, es aquella que amplía genuinamente el conocimiento y al mismo tiempo posee necesidad y universalidad. Kant sostiene que la matemática, la física pura y la metafísica prometen juicios sintéticos a priori, y toda la Crítica se organiza para responder a la pregunta rectora “¿cómo son posibles los juicios sintéticos a priori?” La respuesta descansa en la doctrina de las formas a priori de la sensibilidad (espacio y tiempo) y las categorías del entendimiento, estructuras trascendentales del sujeto que hacen posible la experiencia sin derivar de ella. La distinción funda el criticismo, opera en la ética como fundamento del imperativo categórico y ha atravesado toda la filosofía posterior.