Definición
La antipsiquiatría es el nombre con el que se conoce el movimiento teórico y clínico que a lo largo de los años sesenta y setenta del siglo veinte impugnó, desde distintas coordenadas nacionales, la psiquiatría hospitalaria clásica, el modelo médico de la enfermedad mental y el aparato institucional del manicomio. El término fue acuñado por David Cooper en Psychiatry and Anti-Psychiatry (1967), pero la constelación es más amplia y heterogénea. En Escocia, Ronald D. Laing, con The Divided Self (1960), The Politics of Experience (1967) y Sanity, Madness and the Family (con Aaron Esterson, 1964), reinterpretó la esquizofrenia como respuesta inteligible a una situación familiar y social insostenible, tomando categorías de Sartre, la fenomenología y la teoría del doble vínculo de Bateson. En Italia, Franco Basaglia dirigió la reforma que llevó al cierre de los manicomios y a la Legge 180 (1978), articulando la crítica en L’istituzione negata (1968) y en el trabajo colectivo del equipo de Gorizia y Trieste, con el argumento de que el manicomio no cura enfermedad sino que la produce como institución total. En Estados Unidos, Thomas Szasz, en The Myth of Mental Illness (1961), sostuvo que la enfermedad mental es una metáfora reificada usada para medicalizar problemas éticos y jurídicos. En Francia, Michel Foucault contribuyó al clima crítico con Histoire de la folie à l’âge classique (1961) y Naissance de la clinique (1963), mostrando la construcción histórica del saber-poder psiquiátrico, mientras Félix Guattari, desde la clínica de La Borde, articulaba la psicoterapia institucional. Los ejes comunes de la antipsiquiatría son: la crítica del modelo biomédico como reduccionismo; el análisis del manicomio como dispositivo de control social; la revalorización de la experiencia subjetiva del paciente; la insistencia en la producción social del sufrimiento psíquico; y la demanda de desinstitucionalización acompañada por redes comunitarias. La antipsiquiatría fue derrotada como programa institucional en la mayoría de los países pero dejó huella permanente: la reforma psiquiátrica, los servicios comunitarios, los movimientos de usuarios y la crítica contemporánea del DSM son sus herederos directos.