Definición
El apego ansioso ambivalente (anxious-ambivalent attachment, también llamado resistente o preocupado) es el segundo patrón inseguro clásico descrito por Mary Ainsworth en su tipología derivada del procedimiento de la Situación Extraña. Corresponde a los infantes que, ante la separación de la figura de apego, exhiben una perturbación intensa, generalmente desproporcionada al estímulo objetivo, y que en el reencuentro presentan una configuración conductual contradictoria: buscan activamente el contacto con el cuidador y simultáneamente lo rechazan, se dejan tomar en brazos pero se arquean para separarse, se aferran mientras golpean, no logran ser reconfortados y muestran dificultad marcada para regresar al juego exploratorio incluso después de haber recuperado la proximidad materna.
Este patrón se distingue del evitativo no por la ausencia sino por la hiperactivación de la conducta de apego. El infante ha aprendido, a lo largo de una historia vincular caracterizada por respuestas inconsistentes o impredecibles del cuidador —a veces disponible, a veces intrusivo, a veces indiferente—, que solamente la manifestación intensificada, sostenida y ostensible de su malestar tiene alguna probabilidad de captar la atención de la figura de apego. La estrategia adaptativa consiste entonces en mantener el sistema de apego permanentemente activado, sacrificando la exploración autónoma del entorno en favor de una vigilancia constante sobre la disponibilidad del otro.
El modelo operativo interno subyacente se organiza en torno a la representación del sí mismo como necesitado y del otro como potencialmente inaccesible, configuración que en la vida adulta suele manifestarse en el estilo preocupado de la Adult Attachment Interview (Mary Main) o en el patrón denominado ansioso-preocupado en la tradición de Bartholomew: sujetos con hipersensibilidad al rechazo, tendencia al enredo emocional, dependencia afectiva marcada, dificultad para regular la angustia sin la presencia física del otro, y celos frecuentes en relaciones románticas. Aproximadamente entre 8 y 15 por ciento de las muestras normativas presentan este patrón, con prevalencias mayores en poblaciones expuestas a crianza estresada, precaria o marcada por enfermedad mental parental. Los estudios de Alan Sroufe han mostrado además su asociación con trastornos de ansiedad generalizada en la adolescencia y con vulnerabilidad diferencial ante experiencias posteriores de pérdida.