Definición
El concepto de aura, que Walter Benjamin desarrolla en su ensayo “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” (Das Kunstwerk im Zeitalter seiner technischen Reproduzierbarkeit, escrito entre 1935 y 1939, del cual existen tres versiones sucesivas), constituye una de las categorías más discutidas y productivas de la estética del siglo XX. Benjamin define el aura mediante una fórmula famosa como “la manifestación irrepetible de una lejanía por próxima que ésta pueda hallarse”, definición cuya densidad reúne varias dimensiones que conviene precisar. En primer lugar, el aura implica una unicidad espacial y temporal, esto es, la presencia irrepetible de la obra en el aquí y ahora de su existencia material, presencia que la distingue de sus copias y que constituye lo que Benjamin llama su autenticidad. En segundo lugar, el aura arrastra consigo una carga histórica, puesto que en ella se sedimenta la tradición cultural entera que la obra ha atravesado desde su creación, incluidas las sucesivas apropiaciones, veneraciones y usos rituales. En tercer lugar, el aura mantiene con el espectador una relación distanciada y contemplativa que Benjamin caracteriza mediante la paradoja de una lejanía que persiste aun en la proximidad física del objeto, distancia que remite al origen cultual y ritual de la obra de arte en las prácticas religiosas primitivas. La tesis histórica de Benjamin sostiene que las técnicas modernas de reproducción, particularmente la fotografía y el cine, producen una crisis irreversible del aura al multiplicar la obra en copias equivalentes que suprimen la unicidad, al arrancarla del contexto tradicional que le confería sentido y al hacerla accesible masivamente en formas que sustituyen la contemplación distanciada por la recepción distraída. Este declive del aura, que Benjamin evalúa con notable ambivalencia, tiene efectos políticos ambiguos, puesto que si por un lado prepara la estetización fascista de la política al reducir la obra a espectáculo manipulable, por otro abre la posibilidad de una politización comunista del arte al liberar la producción cultural de sus funciones cultuales y ponerla al alcance de la crítica de las masas. El concepto continúa siendo objeto de debates en la estética contemporánea de la imagen digital.