Definición

El bricolage es una de las metáforas conceptuales más felices de Claude Lévi-Strauss, expuesta sobre todo en el primer capítulo de La pensée sauvage / El pensamiento salvaje (1962), texto donde el antropólogo francés articula su comprensión del pensamiento mítico contra las lecturas evolucionistas que lo consideraban una forma prelógica o primitiva de racionalidad. Lévi-Strauss opone dos figuras arquetípicas para pensar dos modos distintos de producir conocimiento. El ingeniero (ingénieur) es la figura del pensamiento científico moderno: opera con conceptos abstractos y con instrumentos diseñados específicamente para el problema que enfrenta, y cuando emprende un proyecto se procura los materiales adecuados a sus especificaciones. El bricoleur, en cambio, es aquel que compone sus obras con lo que tiene a mano: un conjunto heteróclito de elementos residuales de operaciones anteriores, herramientas polivalentes, fragmentos que arrastra desde otros contextos, restos y sobrantes cuya utilidad original ya se cumplió pero que conservan una potencia significante disponible para recombinarse. El bricoleur no compra materiales para el problema; usa lo disponible en su caja de herramientas, negociando con la limitación de su repertorio y descubriendo en las combinaciones posibilidades que ni él ni los diseñadores originales habían anticipado. Lévi-Strauss sostiene que el pensamiento mítico procede como bricoleur: no inventa conceptos abstractos desde cero, sino que reutiliza los signos disponibles en su cultura —imágenes de animales, fenómenos naturales, categorías del parentesco, oposiciones binarias— y los recompone en configuraciones nuevas para responder a los problemas cognitivos que la vida colectiva plantea. El mito no es entonces una explicación fallida de la realidad, sino un modo cognitivo específico y legítimo que trabaja con signos concretos y que produce estructuras significantes de gran complejidad, comparables en su rigor combinatorio al pensamiento científico aunque con distinta economía. La metáfora ha tenido enorme fecundidad más allá de la antropología: Derrida la retoma para pensar la escritura filosófica en La escritura y la diferencia (1967), se aplica a la creatividad artística, al diseño, a la programación informática y al pensamiento educativo constructivista de Papert.

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