Definición

El cinismo es una de las escuelas filosóficas de la Grecia antigua, fundada por Antístenes en el siglo cuarto a. C. y radicalizada por Diógenes de Sinope, cuyo nombre proviene del griego kynos (perro) y remite tanto a la vida despojada y desvergonzada que sus practicantes cultivaban como al lugar de reunión, el gimnasio de Cinosargo en Atenas. Los cínicos no dejaron un cuerpo doctrinario sistemático —lo que sabemos deriva de anécdotas transmitidas por Diógenes Laercio y por autores posteriores— pero legaron un conjunto de tesis y prácticas coherentes que constituyen una de las tradiciones más provocadoras del pensamiento antiguo. La tesis fundamental es que la felicidad (eudaimonía) consiste en vivir conforme a la naturaleza y no a las convenciones (nomos), y por lo tanto en liberarse de las necesidades artificiales que la sociedad multiplica: el prestigio, la riqueza, el poder, la comodidad, la fama, las formas culturales del pudor y las jerarquías sociales. La virtud es autosuficiencia (autarkeia) y esta autosuficiencia se demuestra en la práctica, no en la doctrina: Diógenes vivía en un tonel, mendigaba lo mínimo necesario, dormía a la intemperie, comía en la calle, y realizaba deliberadamente en público conductas que la etiqueta atenienses consideraba vergonzosas, para exhibir que solo la opinión socialmente construida las convertía en vergonzosas. Esta pedagogía por la acción se articula con la parresía o franqueza radical: el cínico habla la verdad al poder sin cálculo prudencial, y su discurso está indisolublemente ligado a la coherencia visible de su vida. El cinismo se opone tanto al idealismo platónico —Diógenes se enfrentó públicamente a Platón en varias anécdotas— como al escepticismo académico, y ejerció fuerte influencia sobre el estoicismo, que retomó su ideal de vida autosuficiente aunque lo domesticó socialmente. Michel Foucault en sus últimos cursos —El coraje de la verdad (1984)— retomó el cinismo antiguo como paradigma de una filosofía como manera de vivir donde el bíos es criterio del logos, y lo distinguió cuidadosamente del cinismo moderno como cálculo desengañado, con el que solo comparte el nombre.

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