El Cogito ergo sum — “pienso, luego existo” — es el punto fijo que Descartes encuentra al final de su duda metódica en las Meditaciones metafísicas (1641) y el Discurso del método (1637).

El argumento:

  1. Puedo dudar de todo — de los sentidos, de las matemáticas, del mundo exterior.
  2. Pero no puedo dudar de que estoy dudando.
  3. Dudar es pensar.
  4. Si pienso, algo existe: yo, el que piensa.

De este cogito, Descartes intenta reconstruir la certeza: primero Dios (garante de las verdades), luego el mundo, luego el cuerpo.

Críticas históricas:

  • Hume: no hay un “yo” sustancial; solo hay un haz de percepciones.
  • Nietzsche: el “yo” del cogito es una fabricación gramatical. “Se piensa” es más adecuado.
  • Heidegger: Descartes olvidó la pregunta por el ser mismo.
  • Wittgenstein: es un juego de lenguaje, no una prueba metafísica.

Herencia:

  • Fundacional para el racionalismo continental (Spinoza, Leibniz).
  • Kant lo pone en el centro: la unidad trascendental de la apercepción.
  • La filosofía moderna del sujeto arranca aquí.

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