Definición
La corriente de conciencia (stream of consciousness, también stream of thought) es una de las categorías descriptivas más finas de la psicología filosófica de William James, expuesta sistemáticamente en el capítulo IX de The Principles of Psychology / Principios de psicología (1890) y en la versión abreviada Psicología: curso breve (1892). James, formado en filosofía y medicina en Harvard y considerado uno de los fundadores del pragmatismo estadounidense, desarrolla la categoría en polémica directa con la tradición asociacionista británica —Hume, Hartley, Mill— que había concebido la vida mental como sucesión de impresiones y ideas discretas ligadas por leyes de asociación. Contra esa atomización, James sostiene que si nos ponemos a describir fenomenológicamente la conciencia tal como se ofrece a la introspección atenta, encontramos que no consiste en fragmentos sucesivos sino en un flujo continuo, y le atribuye cinco características esenciales. Primero, la conciencia es personal: los pensamientos siempre pertenecen a un yo, no se dan como sucesos anónimos. Segundo, la conciencia está siempre cambiando: ningún estado mental exactamente igual se repite, aunque puedan recurrir contenidos análogos. Tercero, la conciencia es sensiblemente continua: aún interrumpida por el sueño o por la desatención, se retoma como continuación del hilo anterior, y dentro de la vigilia no hay saltos absolutos sino transiciones fluidas, incluidas las llamadas franjas (fringes) que rodean cada foco atencional y le confieren su matiz de familiaridad, relación, tendencia y significación. Cuarto, la conciencia trata siempre con objetos independientes de sí misma: es intencional. Quinto, la conciencia es selectiva: elige constantemente entre las alternativas del mundo que se le ofrecen, prestando atención a unas y descartando otras según sus intereses vitales. James subraya que las metáforas atomistas del asociacionismo son inadecuadas y propone en su lugar la imagen del río: la conciencia es un flujo con remansos y corrientes rápidas, con transiciones y focos, con partes sustantivas y transitivas. La categoría influyó decisivamente en la fenomenología husserliana, en el psicoanálisis, en la escritura modernista de Joyce, Woolf y Faulkner —donde el término se convirtió en técnica narrativa— y en las lecturas contemporáneas sobre atención, conciencia y experiencia subjetiva.