Definición

El currículo en espiral (spiral curriculum) es una de las contribuciones más influyentes de Jerome S. Bruner a la teoría contemporánea del aprendizaje y de la enseñanza, formulada en el ensayo programático The Process of Education (1960), resultado de la conferencia de Woods Hole convocada en 1959 por la National Academy of Sciences para repensar la educación científica estadounidense tras el impacto del Sputnik soviético. Bruner desarrolla la propuesta en obras posteriores como Toward a Theory of Instruction (1966) y la matiza en The Culture of Education (1996) tras su giro hacia la psicología cultural.

La tesis central del currículo en espiral sostiene que cualquier contenido puede enseñarse en forma intelectualmente honesta a cualquier edad si se le presenta al nivel de representación adecuado a las capacidades cognitivas del aprendiz. La proposición desafía frontalmente el supuesto tradicional según el cual ciertos contenidos —las matemáticas superiores, la física teórica, la lógica formal, la teoría literaria, la filosofía moral— deben reservarse para etapas educativas avanzadas porque exigen niveles de abstracción supuestamente inaccesibles a los niños. Bruner sostiene que esta creencia confunde el modo de representación con el contenido conceptual: los conceptos fundamentales de una disciplina pueden presentarse mediante representaciones apropiadas a cada etapa evolutiva y ser progresivamente reelaborados en niveles crecientes de abstracción y complejidad.

Bruner distingue tres modos de representación heredados de Piaget pero reformulados: la representación enactiva (mediante acción manipulativa concreta, típica de la primera infancia), la representación icónica (mediante imágenes y esquemas visuales, característica del segundo estadio) y la representación simbólica (mediante lenguaje formal, símbolos matemáticos, lógica abstracta, propia del pensamiento maduro). Un mismo concepto —por ejemplo, la conservación de la energía en física, la reciprocidad en ética, la variación en biología, la estructura narrativa en literatura— puede presentarse enactivamente al niño pequeño mediante juegos y manipulaciones, icónicamente al niño mayor mediante diagramas y modelos, y simbólicamente al adolescente y al adulto mediante formulaciones abstractas.

El currículo en espiral se organiza revisitando los mismos conceptos fundamentales a lo largo de todo el trayecto educativo, cada vez con mayor profundidad, precisión y grado de abstracción. La primera exposición al concepto en la infancia siembra intuiciones fértiles; las exposiciones posteriores no lo repiten sino que lo enriquecen, lo formalizan, lo articulan con otros conceptos, lo aplican a contextos nuevos. La espiral no es círculo cerrado —repetición—, ni línea recta —sucesión de contenidos aislados—; es movimiento ascendente que retorna al mismo eje conceptual cada vez desde un nivel superior.

Los presupuestos que sostienen la propuesta articulan la psicología cognitiva del desarrollo con una filosofía epistemológica: las disciplinas académicas poseen estructuras conceptuales fundamentales (Bruner habla de the structure of a discipline) que son enseñables a cualquier edad si se identifican bien; el aprendizaje significativo requiere que el aprendiz descubra la estructura por sí mismo (aprendizaje por descubrimiento) más que la memorice mecánicamente; el maestro debe funcionar como facilitador de este descubrimiento estructurado y no como transmisor de contenidos ya elaborados.

La propuesta ha influido decisivamente en la reforma curricular estadounidense de los años sesenta, en los programas educativos internacionales del bachillerato, en la didáctica de las ciencias, y en los debates contemporáneos sobre alfabetización científica temprana, matemáticas en la infancia y filosofía para niños.

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