Definición

La segunda tópica freudiana, expuesta programáticamente en El yo y el ello (Das Ich und das Es, 1923) tras la crisis interna del psicoanálisis producida por la primera tópica de sistemas inconsciente-preconsciente-consciente, reorganiza la representación del aparato psíquico mediante tres instancias personificadas cuya interacción dinámica permite explicar la vida mental con mayor precisión y particularmente los fenómenos de la culpa, el masoquismo y las resistencias analíticas que la primera tópica no lograba articular satisfactoriamente. El ello (Es), término que Freud toma del ensayo homónimo de Georg Groddeck aunque le confiere un sentido específicamente psicoanalítico, designa el reservorio pulsional del aparato psíquico, sede de las mociones pulsionales sexuales y agresivas sometidas exclusivamente al proceso primario y al principio del placer. El ello es enteramente inconsciente, ignora las contradicciones, la temporalidad y la realidad exterior, y opera mediante desplazamientos, condensaciones y descargas cuya única finalidad es la satisfacción inmediata. El yo (Ich) se constituye a partir del ello por diferenciación progresiva bajo la influencia de la realidad exterior y funciona como instancia mediadora que representa los intereses de la realidad, del principio de realidad, ante las exigencias del ello y del superyó. El yo emplea el pensamiento reflexivo, la memoria, el juicio y los mecanismos de defensa para retardar, transformar o rechazar las descargas pulsionales inaceptables. Freud subraya que el yo es en parte inconsciente, particularmente en sus operaciones defensivas, lo cual explica que muchas resistencias analíticas sean ellas mismas inconscientes al analizando. El superyó (Über-Ich), tercera instancia introducida en 1923, se forma por la interiorización de las prohibiciones y exigencias parentales durante la resolución del complejo de Edipo, especialmente hacia el final del quinto año de vida, y hereda la severidad de aquellas figuras autoritarias, severidad que puede llegar a ser incluso mayor que la severidad real de los padres históricos. El superyó opera como conciencia moral, como ideal del yo y como instancia autopunitiva capaz de sancionar al yo mediante sentimientos de culpa cuando este último no cumple con sus exigencias. La articulación de estas tres instancias permite a Freud dar cuenta de los conflictos intrapsíquicos, de las patologías del narcisismo, de la melancolía y del masoquismo moral, así como fundar una teoría de la estructura psíquica de vasto alcance clínico.

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