Definición

La pulsión (Trieb), término que la tradición freudiana en lengua española prefiere frente al calco “instinto” utilizado por Strachey en su traducción inglesa, designa aquella representación psíquica de una fuente de excitación somática que empuja continuamente al aparato mental a operar para procurar su descarga. Freud elabora sistemáticamente el concepto en los ensayos metapsicológicos de 1915, particularmente en “Pulsiones y destinos de pulsión” (Triebe und Triebschicksale), y lo reformula radicalmente en Más allá del principio del placer (Jenseits des Lustprinzips, 1920) con la introducción de la segunda dualidad pulsional. La pulsión debe distinguirse cuidadosamente del instinto animal, con el cual comparte cierta ambigüedad terminológica pero del cual difiere en aspectos fundamentales. Mientras el instinto es rígido, específico y ligado biológicamente a objetos determinados, la pulsión es plástica en cuanto a su objeto, indeterminada en cuanto a su fin específico y susceptible de transformaciones sucesivas mediante mecanismos como el desplazamiento, la sublimación, la vuelta contra sí mismo y la formación reactiva. Freud caracteriza cada pulsión mediante cuatro componentes que conviene precisar: la fuente, es decir, el proceso somático que la origina; el empuje o presión (Drang), factor cuantitativo que mide la fuerza de la exigencia pulsional; el fin, que consiste siempre en la satisfacción mediante la supresión de la excitación en la fuente; y el objeto, que es aquello mediante lo cual o en lo cual la pulsión puede alcanzar su fin, siendo el objeto particularmente contingente y variable. La teoría pulsional atraviesa dos formulaciones sucesivas. En la primera dualidad, Freud opone las pulsiones sexuales, cuyo objetivo es la conservación de la especie mediante la reproducción y el placer, y las pulsiones de autoconservación o del yo, cuyo objetivo es la preservación del individuo. En la segunda dualidad, introducida en 1920 y sostenida ya siempre en la obra tardía, Freud opone las pulsiones de vida (Eros), que agrupan las sexuales y las autoconservativas al servicio de la ligadura, y las pulsiones de muerte (Todestrieb o Thánatos), que tienden a la disolución de las unidades vitales y al retorno a lo inorgánico. Esta segunda dualidad ha sido objeto de intensos debates dentro del propio psicoanálisis, pero permite a Freud explicar fenómenos que la primera teoría no daba cuenta, como la compulsión de repetición y el masoquismo primario.

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