Definición
La epojé fenomenológica, término que Edmund Husserl toma del vocabulario escéptico antiguo pero al cual confiere un sentido enteramente nuevo, constituye el gesto metódico fundacional de la fenomenología trascendental, expuesto de manera sistemática en las Ideas relativas a una fenomenología pura y una filosofía fenomenológica (Ideen zu einer reinen Phänomenologie und phänomenologischen Philosophie I, 1913) y reelaborado en las Meditaciones cartesianas (1931) y en La crisis de las ciencias europeas y la fenomenología trascendental (redactada entre 1934 y 1937). La epojé consiste en la suspensión, puesta entre paréntesis o desconexión de aquello que Husserl llama la actitud natural, esto es, la creencia espontánea e ininterrumpida en la existencia independiente del mundo, creencia que impregna toda nuestra vida cotidiana y que es supuesta por todas las ciencias positivas. La epojé no niega la existencia del mundo ni la pone en duda al modo cartesiano, puesto que semejante duda sería ella misma un juicio sobre el ser del mundo, sino que se limita a inhibir el ejercicio de esa creencia para hacer visible aquello que la creencia misma encubría, a saber, el modo como el mundo se constituye para y en la conciencia. Al efectuar la epojé, el fenomenólogo no pierde el mundo sino que lo reconquista como fenómeno para una conciencia intencional, esto es, como correlato de las vivencias que lo aprehenden. La epojé abre así el campo de la reducción fenomenológica, mediante la cual toda operación de la conciencia se remite a sus estructuras noético-noemáticas, y prepara la reducción trascendental que conduce al ego trascendental como fuente última de constitución de todo sentido. La operación no es un acto único que se efectúe una vez para siempre, sino una disciplina reiterada y ejercitada continuamente, cuya dificultad Husserl compara con una conversión religiosa por la exigencia de suspender la tendencia dominante y natural de nuestra actitud espontánea. La epojé constituye por consiguiente la puerta de entrada a la fenomenología en sentido estricto y la condición sin la cual la descripción rigurosa de la conciencia no podría comenzar.