Definición

El estado de naturaleza constituye una hipótesis metodológica central del pensamiento político moderno, elaborada en particular por Jean-Jacques Rousseau en el Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres (Discours sur l’origine et les fondements de l’inégalité parmi les hommes, 1755, conocido también como Segundo Discurso). Rousseau, en diálogo crítico con las versiones previas del estado de naturaleza propuestas por Hobbes en el Leviatán (1651) y por Locke en el Segundo tratado sobre el gobierno civil (1689), propone una reinterpretación radicalmente distinta de la condición humana anterior a la constitución de la sociedad civil. Contra la versión hobbesiana según la cual el estado de naturaleza es guerra de todos contra todos entre individuos ya dotados de pasiones sociales de poder, gloria y avaricia, Rousseau argumenta que Hobbes proyecta ilegítimamente sobre el hombre natural rasgos que son en rigor productos de la vida en sociedad, cometiendo el error de imaginar un salvaje sociable antes de la sociedad. El estado de naturaleza rousseauniano describe en cambio a un ser humano solitario, autosuficiente, ocupado únicamente en satisfacer sus necesidades básicas (nutrición, descanso, sexualidad ocasional), dotado de dos disposiciones fundamentales prerreflexivas: el amor de sí (amour de soi), impulso natural de conservación de la propia vida, y la piedad natural (pitié), repugnancia innata a ver sufrir a los demás seres sensibles. Este hombre natural no es propiamente ni bueno ni malo en sentido moral porque no ha entrado aún en las relaciones sociales que hacen posibles las distinciones morales, pero es libre en el sentido primario de no depender de otros para satisfacer sus necesidades. La perfectibilidad, esto es, la capacidad humana específica de adquirir capacidades nuevas mediante el aprendizaje, es la que introduce en el proceso histórico la posibilidad de la caída: la propiedad privada, la división del trabajo, la agricultura y la metalurgia producen paulatinamente la desigualdad y con ella el nacimiento del amor propio (amour-propre), pasión comparativa y competitiva que corrompe irreversiblemente al hombre. Esta hipótesis, cuya función es metodológica y no propiamente histórica, sirve como instrumento crítico para desnaturalizar las desigualdades sociales del presente y como matriz normativa para pensar los principios de una comunidad política legítima, tarea que Rousseau emprenderá en El contrato social (1762).

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