Definición

La libertad situada es la noción con que Simone de Beauvoir corrige y complejiza la ontología sartreana de la libertad radical desarrollada en El ser y la nada (1943). Para el Sartre de esa obra, la libertad es constitutiva del para-sí y ninguna situación puede afectarla en su núcleo: incluso el esclavo encadenado es libre en la medida en que puede elegir el sentido de su encadenamiento. Beauvoir, sin abandonar el marco existencialista, argumenta que esta afirmación —aunque válida en un nivel ontológico abstracto— resulta insuficiente y hasta cómplice si no se articula con un análisis fenomenológico de las situaciones concretas en que la libertad efectivamente se ejerce.

Beauvoir despliega esta corrección en dos obras capitales. En Pour une morale de l’ambiguïté (Para una moral de la ambigüedad, 1947) sostiene que la libertad humana es siempre libertad encarnada, temporalizada, coexistente con otras libertades, y que la ambigüedad de la condición humana —simultáneamente sujeto y objeto, trascendencia e inmanencia— constituye su rasgo ético fundamental. La libertad exige el proyecto, y el proyecto exige un mundo que ofrezca posibilidades reales; una libertad meramente formal, sin correlato material, es libertad mutilada. Más decisivo aún, en El segundo sexo (Le deuxième sexe, 1949), Beauvoir aplica el análisis situacional al caso de la mujer y demuestra cómo la libertad femenina ha sido históricamente obstruida por dispositivos culturales, jurídicos, económicos, educativos y familiares que producen a la mujer como Otro, como inmanencia, negándole el acceso pleno a la trascendencia proyectiva.

La libertad situada se ejerce siempre desde una situación específica —cuerpo sexuado, clase social, época histórica, colonialismo, raza, edad, salud, geografía—; ignorar la situación es idealismo abstracto que, bajo la máscara de la universalidad, reproduce la posición del sujeto masculino, blanco, burgués, adulto europeo. Ahora bien, Beauvoir no cae en el determinismo opuesto: la situación condiciona sin determinar, obstruye sin abolir, oprime sin extinguir. La agencia permanece posible, aunque estrechada; la resistencia individual y colectiva sigue siendo constitutivamente disponible. La célebre fórmula “no se nace mujer, se llega a serlo” (on ne naît pas femme, on le devient) condensa esta articulación entre condicionamiento situacional y proceso subjetivante.

La noción ha sido decisiva para el feminismo del siglo XX y XXI: fundamenta el análisis de las estructuras patriarcales sin abandonar la categoría de sujeto agente. Judith Butler, Iris Marion Young, Nancy Fraser y las teóricas de la interseccionalidad prolongarán este análisis considerando otras dimensiones de la situación —raza, clase, colonialidad, capacitismo—.

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