Definición
La positividad tóxica constituye una noción articuladora en la crítica que Byung-Chul Han desarrolla del capitalismo tardío, expuesta con particular claridad en La sociedad del cansancio (Müdigkeitsgesellschaft, 2010) y prolongada en obras posteriores como La agonía del Eros (2012) y La expulsión de lo distinto (2016). Han sostiene que la sociedad contemporánea ha transitado de un paradigma disciplinario, caracterizado por la negatividad de la prohibición y del mandato externo tal como Foucault lo describía, a un paradigma del rendimiento cuya lógica dominante es la positividad ilimitada del “sí se puede”, del “sé tú mismo”, del “supérate a ti mismo” y de la exigencia permanente de proyectos, logros y optimización personal. Este exceso de positividad produce, paradójicamente, un empobrecimiento de la experiencia, puesto que la eliminación sistemática de toda negatividad, esto es, de todo aquello que resiste, de todo otro que interpela, de todo silencio que interrumpe, cancela las condiciones de posibilidad de la relación auténtica con el mundo, con los otros y consigo mismo. Han sostiene que las patologías características de nuestra época, como el burnout, la depresión endógena, el trastorno de déficit de atención o el trastorno límite de personalidad, no son ya enfermedades derivadas de la represión ni del conflicto edípico como en el diagnóstico freudiano, sino consecuencias directas de este exceso positivo que agota al sujeto obligándolo a explotarse a sí mismo sin necesidad de coacción externa. El sujeto del rendimiento se convierte simultáneamente en amo y esclavo, empresario y empleado de sí mismo, y padece una libertad paradójica que se transforma en autoexplotación más eficaz y menos resistida que cualquier explotación heterónoma anterior. La positividad tóxica se manifiesta además en las redes sociales, cuya lógica del “me gusta” cancela la posibilidad de la crítica y de la confrontación, en la comunicación acelerada que suprime el tiempo lento de la contemplación, y en la exigencia de transparencia que aniquila el misterio del otro. Frente a este diagnóstico, Han reivindica la fuerza reveladora de la negatividad, del retiro, del duelo y del silencio como condiciones de una vida no reducida a rendimiento.