Definición

La sintonización afectiva (affect attunement) es una de las contribuciones más originales de Daniel Stern a la comprensión del desarrollo temprano, formulada en The Interpersonal World of the Infant (1985) como pieza clave de la constitución del sí mismo intersubjetivo entre los siete y los nueve meses de vida. Stern distingue la sintonización afectiva tanto de la imitación conductual como de la empatía adulta, y la sitúa en un lugar intermedio entre ambas capacidades. Consiste en el fenómeno por el cual el cuidador responde a las manifestaciones expresivas del bebé no reproduciendo su conducta observable, sino resonando con las cualidades dinámicas o afectos de vitalidad del estado emocional subyacente y expresándolas en un canal sensorial diferente. Cuando el bebé, por ejemplo, se agita rítmicamente con crescendo mientras juega con un juguete, la madre puede acompañarlo con un sonido vocal que reproduzca esa misma cadencia, intensidad y forma temporal, sin imitar la conducta motora. La sintonización opera así de modo transmodal, aprovechando la capacidad amodal del bebé para percibir las propiedades dinámicas comunes a distintas modalidades sensoriales, capacidad que Stern documenta empíricamente en experimentos que muestran cómo bebés muy pequeños pueden reconocer equivalencias entre estímulos visuales y táctiles. El propósito comunicativo de la sintonización no es transmitir información sobre el mundo externo sino compartir la calidad de la experiencia interna, cumpliendo así la función de decirle al bebé, sin palabras, que su estado subjetivo es percibido, comprendido y acompañado. La reiteración cotidiana de miles de estas sintonizaciones microscópicas permite al infante descubrir que sus estados internos son compartibles y que existen mentes ajenas capaces de resonar con ellas, hallazgo que Stern considera el nacimiento propiamente dicho del sí mismo intersubjetivo. Las fallas selectivas o distorsiones de la sintonización, especialmente cuando ciertos afectos son sistemáticamente desatendidos o resonados con distorsión, sedimentan patrones patológicos que Stern denomina sintonizaciones selectivas y errores de sintonización, base de dificultades posteriores en la regulación afectiva y en la vida vincular.

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