Definición

La zozobra constituye la categoría ontológica central del proyecto filosófico de Emilio Uranga sobre lo mexicano, formulada en su obra Análisis del ser del mexicano (1952), texto emblemático del grupo Hiperión que en la posguerra latinoamericana emprendió la tarea de fundar una filosofía de lo mexicano en diálogo con la fenomenología husserliana, con el existencialismo heideggeriano-sartreano y con la ontología nicolaihartmanniana. Uranga, formado en el Colegio Nacional bajo la orientación de José Gaos y en diálogo estrecho con Leopoldo Zea, Jorge Portilla, Luis Villoro y Ricardo Guerra, se propone identificar la estructura ontológica específica que caracterizaría al ser humano en su modalidad mexicana, evitando tanto la mera descripción psicológica como la generalización antropológica abstracta. La zozobra designa una modalidad existencial oscilante entre el ser y el no ser, una vacilación estructural que no logra afirmarse ni negarse plenamente y que permanece en un estado de suspenso, incertidumbre y provisionalidad frente a la propia existencia y frente al mundo. Uranga distingue rigurosamente entre la sustancialidad, categoría ontológica propia del ser europeo que se sabe y se afirma como fundamento sólido de sí mismo, y la accidentalidad, categoría que Uranga identifica como propia del ser mexicano, quien no se experimenta como sustancia autofundada sino como accidente contingente cuya existencia queda expuesta a la fragilidad, al azar y a la posible desaparición sin escándalo del orden mundial. La zozobra es la vivencia afectiva que corresponde a esta ontología accidental: no es simple ansiedad kierkegaardiana ni angustia heideggeriana ante la muerte, sino una modalidad más específica que combina el vaivén entre esperanza y desilusión, el desasosiego frente a la propia insustancialidad, y una capacidad paradójica de sobrevivir sin sustancia mediante la asunción lúcida de la propia contingencia. Uranga no lee esta condición como déficit filosófico o carencia respecto de la ontología europea, sino como fundamento posible de una filosofía original que reivindique la accidentalidad como modo legítimo del ser humano, apenas más cercano quizás a la verdad existencial que la ontología sustancialista europea. La categoría dialoga con Ramos, Portilla, Paz y con las reflexiones sobre lo mexicano del grupo Hiperión, y ha sido recuperada en el pensamiento latinoamericano contemporáneo.

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