Rango temporal
Del año 320 al año 100 a. C.
Contexto social
Con la muerte de Alejandro en 323 a. C. y las guerras de los diádocos que la siguen, el mundo mediterráneo oriental se reorganiza en grandes reinos multiétnicos: los Ptolomeos en Egipto, los Seléucidas en Siria y Mesopotamia, los Antigónidas en Macedonia, luego los Atálidas en Pérgamo y los grecobactrianos en Asia central. La civilización helenística es una civilización de metrópolis cosmopolitas donde el griego koiné se convierte en lengua franca desde Cirene hasta la India. Alejandría de Egipto, fundada por Alejandro en 331 a. C., alcanza medio millón de habitantes; su Biblioteca reúne, bajo los Ptolomeos, hasta setecientos mil rollos, y su Museo funciona como primer instituto de investigación financiado por la corona. Antioquía, Pérgamo, Rodas, Éfeso y Seleucia del Tigris cumplen funciones análogas. La polis pierde autonomía política pero conserva vitalidad cultural; las escuelas filosóficas atenienses siguen siendo el referente pese al desplazamiento del centro de gravedad. La sociedad se estratifica en cortesanos macedonios, funcionarios grecoparlantes, sacerdocios locales (egipcios, babilonios, judíos), campesinos autóctonos y esclavos. Las mujeres alcanzan mayor movilidad que en la Grecia clásica: reinas como Arsínoe II, Berenice II y luego Cleopatra VII ejercen poder político efectivo. El comercio se globaliza, con caravanas que llegan hasta la India, monedas comunes y contabilidades sofisticadas. Las religiones mistéricas orientales, Isis, Serapis, Cibeles, Mitra, Dioniso, ganan adeptos por su promesa de salvación personal. El judaísmo helenístico produce en Alejandría la traducción de la Septuaginta hacia el siglo III a. C. Los cultos dinásticos, que divinizan al rey vivo, introducen una religiosidad política nueva.
Contexto político
Los cuarenta años posteriores a la muerte de Alejandro son de guerra permanente entre sus generales, hasta la batalla de Ipso en 301 a. C., que consolida el reparto: Seleuco en Asia, Ptolomeo en Egipto, Lisímaco en Tracia, Casandro en Macedonia. Al morir Lisímaco en Corupedio en 281 a. C., emerge el sistema clásico de tres grandes reinos rivales: Ptolomeos, Seléucidas, Antigónidas. El siglo III a. C. es de equilibrio inestable con guerras sirias entre Ptolomeos y Seléucidas por el control de Celesiria. Roma, victoriosa contra Cartago en la Primera Guerra Púnica en 241 a. C., interviene en el Egeo tras vencer a Filipo V de Macedonia en Cinoscéfalos en 197 a. C. y a Antíoco III en Magnesia en 190 a. C. En 168 a. C. Roma destruye el reino antigónida en Pidna; en 146 a. C. arrasa Corinto y Cartago simultáneamente; en 133 a. C. hereda Pérgamo por testamento de Átalo III. Al terminar el siglo II a. C., Roma ha reducido casi todo el mundo helenístico oriental a protectorados. En Judea, los macabeos se rebelan contra los seléucidas en 167 a. C. y fundan la efímera dinastía asmonea. En India, el imperio maurya de Chandragupta y Ashoka florece y se disuelve; en China, la dinastía Qin unifica el país en 221 a. C. y la Han la sucede en 206 a. C.
Contexto científico y técnico
El helenismo es la edad de oro de la ciencia antigua. En Alejandría, Euclides compone los Elementos hacia 300 a. C., síntesis axiomática de la geometría que se enseñará dos milenios. Arquímedes de Siracusa, entre 287 y 212 a. C., funda la estática, la hidrostática, el cálculo de volúmenes, la ingeniería militar y el análisis infinitesimal antes de morir en el saqueo romano de su ciudad. Aristarco de Samos propone hacia 270 a. C. un sistema heliocéntrico rechazado por sus contemporáneos. Eratóstenes de Cirene, bibliotecario en Alejandría, mide la circunferencia terrestre con precisión notable hacia 240 a. C. Hiparco de Nicea funda hacia 150 a. C. la trigonometría, cataloga estrellas y descubre la precesión de los equinoccios. Herófilo y Erasístrato, en Alejandría, practican disecciones humanas sistemáticas y describen el sistema nervioso, la circulación y el aparato reproductor. Ctesibio, Filón y Herón desarrollan mecánica hidráulica y neumática. Se construyen el Faro de Alejandría, el Coloso de Rodas, el altar de Pérgamo. La cartografía, la astronomía, la química alquímica, la farmacología botánica y la medicina clínica alcanzan un nivel que Europa no recuperará hasta el Renacimiento.
Pensamiento predominante
La filosofía helenística responde a un mundo donde el ciudadano ha perdido injerencia sobre los grandes procesos políticos. Su pregunta central es cómo vivir bien en un mundo contingente. El estoicismo, fundado por Zenón de Citio hacia 300 a. C. en el pórtico ateniense (stoa poikíle), sostiene que el bien reside en la virtud, entendida como vivir según la razón universal (logos) que gobierna el cosmos; las pasiones deben extinguirse (apátheia), los indiferentes preferibles administrarse sin apego, y el sabio permanecer imperturbable ante la fortuna. Cleantes de Aso y sobre todo Crisipo de Solos, hacia el siglo III a. C., sistematizan la lógica proposicional, la física materialista panteísta y una ética cosmopolita rigurosa. El epicureísmo, fundado por Epicuro en su Jardín ateniense hacia 306 a. C., propone una física atomista lucreciana, una teología deísta que aleja a los dioses de los asuntos humanos, una gnoseología sensualista y una ética hedonista bien entendida: el placer estable, la ausencia de dolor (aponía) y la ausencia de turbación (ataraxía) constituyen la felicidad. El escepticismo, en su versión pirrónica con Pirrón de Elis y luego Sexto Empírico, y en su versión académica con Arcesilao y Carnéades, suspende el juicio (epokhé) sobre las cuestiones dogmáticas para alcanzar la tranquilidad. El cinismo continúa en la línea de Diógenes con Crates de Tebas e Hiparquia, primera filósofa cínica documentada. La filosofía se ha vuelto arte de vivir, medicina del alma, ejercicio espiritual cotidiano, según la lectura que Pierre Hadot rescatará en el siglo XX. En Alejandría se compilan los primeros comentarios eruditos a Homero, se editan a Platón y Aristóteles, se traduce el Pentateuco. El horizonte intelectual dominante da por sentado que la sabiduría es refugio individual, que el sabio es autárquico y que la comunidad política ya no es el marco natural del florecimiento humano.
Eventos clave
- 323 a. C.: Muere Alejandro; comienzan las guerras de los diádocos.
- c. 306 a. C.: Epicuro funda su Jardín en Atenas.
- 301 a. C.: Batalla de Ipso; reparto de los reinos helenísticos.
- c. 300 a. C.: Zenón funda el estoicismo; Euclides compone los Elementos.
- c. 270 a. C.: Aristarco propone el heliocentrismo.
- 241 a. C.: Fin de la Primera Guerra Púnica.
- c. 240 a. C.: Eratóstenes mide la Tierra.
- 221 a. C.: Qin unifica China.
- 212 a. C.: Muere Arquímedes en el saqueo de Siracusa.
- 197 a. C.: Roma vence a Macedonia en Cinoscéfalos.
- 168 a. C.: Batalla de Pidna; fin del reino antigónida.
- 167 a. C.: Revuelta macabea en Judea.
- 146 a. C.: Roma arrasa Corinto y Cartago.
- 133 a. C.: Roma hereda Pérgamo.
Pensadores centrales
Zenón de Citio, Crisipo, Pirrón, Arcesilao, Carnéades y Crates operan aquí con fuerza pero no figuran todavía en el corpus.
Obras del período
- Elementos de Euclides (c. 300 a. C.).
- Carta a Meneceo de Epicuro (c. 300 a. C.).
- Máximas capitales de Epicuro (c. 300 a. C.).
- Sobre la esfera y el cilindro de Arquímedes (c. 225 a. C.).
- Sobre las magnitudes y distancias del Sol y la Luna de Aristarco de Samos (c. 270 a. C.).
- Sobre la naturaleza de Crisipo (siglo III a. C., perdida).
- Septuaginta, traducción del Pentateuco (siglo III a. C.).
- Cónicas de Apolonio de Perga (c. 200 a. C.).
Rupturas y transiciones
La absorción progresiva del mundo helenístico por Roma altera las condiciones sociales pero no interrumpe la vitalidad filosófica: el estoicismo, el epicureísmo y el escepticismo se trasplantarán a Roma como opciones de vida para la élite senatorial y luego imperial. La lengua griega seguirá siendo lengua franca de la cultura oriental, y las escuelas atenienses persistirán hasta su clausura por Justiniano en 529 d. C. El helenismo lega a Occidente sus dos herencias mayores: la ciencia matemático-experimental alejandrina y las filosofías del cuidado de sí.