Definición
La anomia (del griego a-nomos, sin ley o sin norma) es una categoría central del funcionalismo clásico introducida por Émile Durkheim y desarrollada principalmente en dos obras: La división del trabajo social (1893) y El suicidio. Estudio de sociología (1897). Durkheim, preocupado por comprender las transformaciones sociales que la industrialización europea traía consigo, la elabora para nombrar un tipo específico de patología social: el estado en el que las normas colectivas que regulaban las conductas, las aspiraciones y los apetitos de los individuos se han debilitado, se han vuelto ambiguas o han desaparecido, sin haber sido sustituidas todavía por otras capaces de cumplir la misma función integradora. En La división del trabajo social, la anomia aparece como una forma anormal de esa división, específicamente cuando el crecimiento y la diversificación de las ocupaciones se producen más rápido que la constitución de reglas jurídicas y morales capaces de coordinarlas; el resultado es la conflictividad crónica entre trabajadores y patronos, la crisis periódica de las profesiones y el desarreglo entre las funciones sociales. En El suicidio, Durkheim identifica el suicidio anómico como uno de los cuatro tipos ideales que su estudio estadístico revela: aquel que se dispara en periodos de crisis económica —tanto en las depresiones como en los booms— porque los cambios abruptos rompen los marcos habituales de expectativas y los individuos quedan sin criterio para medir sus aspiraciones. Durkheim sostiene aquí una antropología crucial: el deseo humano no tiene límite natural interno; solo la sociedad, mediante normas compartidas, fija los umbrales que hacen posible una vida deseante equilibrada. Sin regulación normativa, las aspiraciones se disparan al infinito y producen frustración crónica, angustia y desconexión. La categoría fue retomada, transformada y radicalizada por Robert K. Merton en su Social Theory and Social Structure (1949), donde la anomia se redefine como el desajuste entre las metas culturales legítimas y los medios estructurales disponibles para alcanzarlas. Su influencia se extiende hasta las teorías contemporáneas de la desintegración social, de la desafiliación (Robert Castel) y del malestar en la globalización.