Definición

“Apropiadamente inusual” (appropriately unusual) es una fórmula que Tom Andersen, psiquiatra noruego y creador del equipo reflexivo, elabora como criterio operativo para orientar las intervenciones del terapeuta y del equipo dentro del enfoque conversacional que expone en The Reflecting Team: Dialogues and Dialogues about the Dialogues (1991) y en numerosos artículos posteriores. Andersen trabajaba en el contexto de la terapia sistémica postmilanesa y, junto con colaboradores como Harlene Anderson, Harold Goolishian y Peggy Penn, participó del giro colaborativo y del giro lingüístico de la terapia familiar en los años ochenta y noventa. La cuestión clínica que la fórmula responde es cómo calibrar las intervenciones para que sean genuinamente productivas: si el terapeuta se limita a reflejar lo que el sistema familiar ya sabe, la conversación gira en torno a su punto muerto sin producir novedad; si el terapeuta introduce demasiada distancia respecto de los marcos de referencia de la familia, sus intervenciones son descartadas como incomprensibles, invasivas o descalificatorias, y la conversación tampoco avanza. La fórmula “apropiadamente inusual” nombra la zona intermedia productiva: una intervención debe ser suficientemente distinta de lo esperado como para introducir información nueva en el sistema —en el sentido batesoniano de una diferencia que hace diferencia— y suficientemente cercana a los marcos existentes como para poder ser recibida, elaborada e integrada. Este criterio se aplica de modo especial en el equipo reflexivo, dispositivo característico de Andersen en el cual los observadores tras el espejo unidireccional pasan a un momento a hablar entre sí, delante de la familia, comentando lo que han oído y visto en un tono tentativo, sin certezas y sin instrucciones. La familia luego regresa a hablar sobre lo que escuchó del equipo. Andersen postula que las mejores reflexiones son las que resultan apropiadamente inusuales, capaces de sostener la escucha y ampliar el campo semántico. La fórmula se articula con la ética conversacional andersoniana, la idea de que hablar juntos ya es la intervención y la noción de que los cambios significativos emergen de conversaciones vitalizadas, no de técnicas prescriptas.

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