Definición

La reducción de la causalidad a hábito, tesis medular del empirismo de David Hume, aparece formulada por primera vez en el Tratado de la naturaleza humana (A Treatise of Human Nature, 1739-1740), particularmente en la sección tercera del libro primero, y reelaborada de manera más accesible en la Investigación sobre el entendimiento humano (An Enquiry Concerning Human Understanding, 1748), particularmente en las secciones cuarta, quinta y séptima. Hume plantea el problema mediante un análisis riguroso de la relación causa-efecto tal como la usamos cotidianamente y en las ciencias naturales, para mostrar que dicha relación, aunque presupuesta constantemente, no puede fundamentarse en la razón sola. El argumento humeano procede en varios pasos que conviene precisar. En primer lugar, Hume observa que cuando conocemos algo de la existencia efectiva de un suceso más allá de nuestra experiencia inmediata, lo hacemos siempre mediante inferencias causales, del mismo modo en que inferimos la presencia de fuego a partir de la observación del humo o la venida de un amigo a partir de la voz oída detrás de la puerta. En segundo lugar, Hume analiza en qué consiste efectivamente la relación causal y encuentra que la observación empírica nos suministra únicamente tres componentes que conviene distinguir: la contigüidad espacial de causa y efecto, la sucesión temporal en la cual la causa precede al efecto y la conjunción constante mediante la cual sucesos del mismo tipo aparecen repetidamente juntos. Ahora bien, ninguno de estos tres componentes nos ofrece la conexión necesaria que atribuimos a la relación causal, esto es, la idea de que la causa produce efectivamente el efecto y de que éste no podría dejar de seguirla. La conexión necesaria no se encuentra en las impresiones sensibles ni puede derivarse deductivamente de ellas. Hume concluye entonces que la idea de conexión necesaria procede de otra fuente, a saber, del hábito o costumbre psicológica mediante el cual, tras haber observado repetidamente la conjunción de dos tipos de sucesos, la mente adquiere una disposición a esperar el segundo cuando percibe el primero, disposición que ella proyecta luego sobre los objetos como si perteneciera a ellos mismos. La causalidad se revela así como una propensión mental proyectada, no como una propiedad objetiva de las cosas descubierta por la razón. Esta tesis, aunque escéptica en apariencia, no destruye la práctica científica sino que la reorienta hacia una comprensión más modesta y funcional, comprensión que despertará a Kant de su sueño dogmático y que fundará la epistemología moderna posterior.

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