Definición

La falsabilidad, o refutabilidad, tal como Karl Popper la formula en La lógica de la investigación científica (Logik der Forschung, 1934, ampliada en su versión inglesa de 1959), constituye una propuesta programática para resolver el problema clásico de la demarcación, esto es, la cuestión de qué distingue las teorías científicas de aquellas que no lo son, cuestión que Popper considera anterior y más urgente que el problema humeano de la inducción. Popper elabora esta propuesta en polémica explícita con el criterio verificacionista del Círculo de Viena, según el cual una proposición es científica si y sólo si puede ser verificada empíricamente. Popper sostiene que la verificación resulta lógicamente imposible como criterio, puesto que ninguna cantidad de observaciones favorables puede confirmar concluyentemente una proposición universal, tal como el famoso ejemplo de los cisnes muestra al recordar que la generalización “todos los cisnes son blancos” no queda verificada por millones de observaciones de cisnes blancos, pero sí queda decisivamente refutada por la observación de un solo cisne negro. La asimetría lógica entre verificación y refutación conduce a Popper a proponer la falsabilidad como criterio de cientificidad: una teoría es científica si y sólo si prohíbe efectivamente ciertos estados de cosas observables, es decir, si sus predicciones son suficientemente arriesgadas como para que la experiencia pueda mostrarlas equivocadas. Cuanto más prohíbe una teoría, mayor es su contenido empírico y mayor su falsabilidad, razón por la cual Popper invierte la valoración habitual y sostiene que las mejores teorías son las más audaces, las más improbables y las más expuestas a la refutación. Este criterio le permite descartar como pseudocientíficas ciertas construcciones aparentemente explicativas como el psicoanálisis freudiano, el marxismo tardío o la astrología, no porque sean falsas sino porque están construidas de modo que ninguna experiencia posible pueda desmentirlas. La epistemología popperiana se articula así con una concepción falibilista del conocimiento según la cual la ciencia no avanza acumulando verdades definitivas sino eliminando errores mediante refutaciones sucesivas, en un proceso evolutivo de conjeturas audaces sometidas a crítica implacable. Esta concepción tendrá repercusiones duraderas en el debate filosófico posterior y suscitará las reformulaciones críticas de Thomas Kuhn e Imre Lakatos.

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