Definición

La categoría de cultura de la auditoría (audit culture) fue formulada por la antropóloga social británica Marilyn Strathern como marco analítico para dar cuenta de las profundas transformaciones institucionales que las universidades, los hospitales, las administraciones públicas y las organizaciones sin ánimo de lucro europeas y norteamericanas experimentaron desde finales de los años ochenta bajo el imperativo neoliberal de la evaluación permanente. La formulación canónica aparece en el volumen colectivo que Strathern coordinó, Audit Cultures: Anthropological Studies in Accountability, Ethics and the Academy (2000), y se articula con investigaciones paralelas del antropólogo Michael Power sobre The Audit Society (1997).

El diagnóstico parte de una constatación etnográficamente rica: las instituciones antes valoradas por sus finalidades sustantivas —producir conocimiento, cuidar enfermos, formar ciudadanos, servir al bien común— han sido progresivamente sometidas a regímenes de auditoría continua que las obligan a demostrar su valor mediante indicadores cuantificables, rankings comparativos, evaluaciones externas y rendición de cuentas medibles. La operación aparente busca aumentar la transparencia, la responsabilidad y la eficiencia. La consecuencia real, sostiene Strathern, es una transformación silenciosa pero profunda de las prácticas institucionales, de los valores profesionales y del sentido mismo del trabajo académico y del servicio público.

Los mecanismos de la cultura de auditoría operan en varios registros simultáneos. En el plano administrativo, multiplican los procedimientos formales de evaluación: informes anuales, planes estratégicos, indicadores clave de rendimiento, revisiones por pares externas, acreditaciones periódicas. En el plano subjetivo, producen un sujeto profesional obligado a auto-monitorearse permanentemente, a documentar cada actividad, a traducir su trabajo en formatos comparables. En el plano relacional, sustituyen la confianza profesional entre pares por la desconfianza sistematizada institucionalmente, y las conversaciones sustantivas por el llenado de formularios. En el plano epistémico, privilegian lo que puede medirse fácilmente sobre lo que importa realmente pero resulta difícil de medir.

Strathern muestra cómo la cultura de auditoría produce efectos perversos ampliamente documentados: desplazamiento del objetivo, cuando la métrica sustituye al valor sustantivo que pretendía medir (publicar en ciertas revistas indexadas se convierte en más importante que producir conocimiento relevante); gaming, cuando los agentes optimizan las mediciones sin cumplir realmente los objetivos; simplificación reductiva, cuando actividades complejas se traducen a indicadores burdos; y sobreproducción documental, cuando el tiempo dedicado a documentar excede el tiempo dedicado a las prácticas documentadas.

El análisis se apoya en trabajos etnográficos entre académicos, administradores universitarios, profesionales sanitarios y funcionarios públicos, mostrando cómo el nuevo régimen coloniza vocabularios, temporalidades y sensibilidades profesionales. Strathern conecta el fenómeno con la circulación global del new public management, con la ideología de la rendición de cuentas democrática, con las tecnologías digitales de trazabilidad y con la financiarización de los servicios públicos. La cultura de auditoría es, en su lectura, una forma cultural específica —no una simple exigencia técnica— que produce sujetos, prácticas y valores particulares.

El concepto ha resonado especialmente en los estudios universitarios críticos (Slaughter, Marginson, Readings), en la etnografía de las burocracias, en la crítica del neoliberalismo académico y en los debates sobre libertad de investigación y bienestar profesional del personal universitario y sanitario.

Pensadores donde aparece

Ver también