Definición
El estilo de vida (Lebensstil) constituye la categoría central de la psicología individual desarrollada por Alfred Adler tras su ruptura con Freud en 1911, y sistematizada en obras como El carácter neurótico (Über den nervösen Charakter, 1912), Práctica y teoría de la psicología individual (1920) y El sentido de la vida (Der Sinn des Lebens, 1933). Adler, en polémica sostenida con la centralidad freudiana de la sexualidad como fuerza motriz de la vida psíquica, propone una comprensión de la personalidad como totalidad orgánica orientada teleológicamente hacia metas ficticias que el sujeto construye tempranamente en respuesta a los sentimientos de inferioridad inevitables de la infancia, y que constituyen la matriz unificadora de todas las manifestaciones caracterológicas posteriores. El estilo de vida designa precisamente esta configuración global e idiosincrásica mediante la cual el sujeto integra en una pauta coherente sus metas prospectivas, sus opiniones sobre sí mismo, sus juicios sobre los otros, sus modos característicos de resolver los problemas fundamentales de la existencia (el trabajo, el amor, la comunidad), y sus estrategias defensivas contra las heridas narcisistas. Adler sostiene que el estilo de vida se cristaliza tempranamente, hacia los cuatro o cinco años de edad, en respuesta a la constelación familiar concreta (posición del niño entre los hermanos, expectativas parentales, condiciones materiales, oportunidades sociales), y que a partir de ese momento opera como matriz interpretativa mediante la cual todo lo que le sucede al sujeto es asimilado a la pauta preestablecida, confirmando así la propia visión del mundo aunque sea al precio del sufrimiento neurótico. La tarea terapéutica consiste precisamente en hacer conscientes las metas ficticias y los presupuestos ocultos del estilo de vida, en confrontar al sujeto con la posibilidad de reconfigurarlos, y en fomentar el sentimiento de comunidad (Gemeinschaftsgefühl) como criterio de salud psíquica: los estilos de vida sanos son aquellos que resuelven las tareas vitales mediante contribuciones cooperativas al bienestar común, mientras que los estilos neuróticos, psicóticos, criminales o egoístas son aquellos que fracasan en desarrollar este interés social genuino y buscan superioridad ficticia sobre los demás. Esta categoría anticipa buena parte de los desarrollos posteriores de las psicologías cognitivas y humanistas.