Definición
El sentimiento de inferioridad (Minderwertigkeitsgefühl) constituye el resorte psíquico fundamental de la psicología individual desarrollada por Alfred Adler tras su ruptura con Sigmund Freud en 1911, y encuentra su exposición sistemática en obras como Über den nervösen Charakter (El carácter neurótico, 1912), Praxis und Theorie der Individualpsychologie (1920) y Menschenkenntnis (Conocimiento del hombre, 1927). Adler sostiene que todo ser humano nace en una situación de radical desvalimiento e inferioridad frente a los adultos que le rodean y frente al mundo cuyas demandas debe enfrentar sin recursos propios. Este sentimiento originario de insuficiencia no es en sí mismo patológico, sino que constituye la condición antropológica normal del cachorro humano y funciona como motor psíquico primordial: impulsa al sujeto a superarse, a compensar sus limitaciones y a orientarse hacia una meta ficticia de superioridad, seguridad y perfección que Adler denomina el ideal directriz o finalidad ficta (Zielsetzung). El desarrollo saludable transforma la inferioridad en aspiración creadora que se despliega en el trabajo, el amor y la vida social, en tanto la desviación patológica genera el complejo de inferioridad, esto es, la fijación en una vivencia paralizante de inadecuación que suele encubrirse mediante su reverso especular, el complejo de superioridad, formación reactiva en la que el sujeto se vuelca en la exhibición de dominio, la megalomanía o la rebeldía como máscara defensiva. Adler articula el sentimiento de inferioridad con las inferioridades orgánicas descritas en su primera obra Studie über Minderwertigkeit von Organen (1907), donde muestra cómo un déficit fisiológico puede activar procesos compensatorios psíquicos, tesis que anticipa concepciones modernas sobre resiliencia. La superación auténtica del sentimiento de inferioridad requiere el desarrollo del interés social (Gemeinschaftsgefühl), esto es, la capacidad de identificarse con la comunidad humana y contribuir a ella, contraparte que Adler considera criterio de salud psíquica. La categoría rompe con la centralidad freudiana de la libido y funda una psicología teleológica, holista y comunitaria que ha influido en Rollo May, Viktor Frankl y la psicología humanista.