Definición

La eticidad (Sittlichkeit) constituye el tercero y culminante momento de la filosofía del espíritu objetivo desarrollada por G. W. F. Hegel, expuesta de modo sistemático en la tercera parte de la Filosofía del Derecho (Grundlinien der Philosophie des Rechts, 1821), y elaborada tras las etapas previas del derecho abstracto y de la moralidad subjetiva. Hegel distingue rigurosamente entre la moralidad (Moralität), característica del pensamiento moral moderno particularmente kantiano, entendida como reflexión subjetiva del individuo autónomo sobre el deber y sobre los principios universales que deben regir su acción, y la eticidad, dimensión sustancial en la que la libertad no queda encerrada en la interioridad subjetiva sino que se realiza objetivamente en las instituciones concretas de la vida colectiva. La eticidad supera dialécticamente la moralidad subjetiva (que era necesaria para superar la exterioridad del derecho abstracto) integrándola en las instituciones sustantivas donde el sujeto ya no está aislado ante su conciencia sino inserto en un tejido de deberes y derechos concretos que lo constituyen efectivamente como sujeto libre. Hegel articula la eticidad en tres momentos ascendentes de complejidad creciente: la familia, primera comunidad natural fundada en el amor y en la unidad inmediata de sus miembros, donde el sujeto experimenta la libertad como pertenencia sustancial; la sociedad civil (bürgerliche Gesellschaft), sistema de necesidades mediado por el trabajo, el intercambio mercantil, las corporaciones profesionales y la administración de justicia, donde los individuos aparecen como personas autónomas que persiguen sus intereses particulares pero cuya interdependencia recíproca los teje objetivamente en una totalidad económica y jurídica; y el Estado, momento culminante donde la libertad universal alcanza su realización plena mediante la síntesis del interés particular y del universal en instituciones políticas racionales (constitución, monarquía, poderes legislativo y ejecutivo). El Estado hegeliano no es meramente el aparato coercitivo del liberalismo lockeano ni el pacto contractual del contractualismo abstracto sino la totalidad ética viviente en la que el sujeto reconoce su libertad como coincidente con su pertenencia al orden universal. Esta categoría ha resultado central para toda la filosofía política posterior y sigue operando como referencia obligada de los debates entre liberalismo, comunitarismo y republicanismo contemporáneos.

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