Definición

La hiperrealidad es la categoría central del diagnóstico posmoderno de Jean Baudrillard, formulada en L’échange symbolique et la mort (1976) y expuesta sistemáticamente en Simulacres et simulation (1981), donde constituye el término culminante de una genealogía del signo dividida en cuatro estadios sucesivos. En el primer estadio, el signo era reflejo de una realidad profunda: la imagen sacramental representaba lo sagrado del que era vehículo. En el segundo estadio, el signo enmascaraba y desnaturalizaba una realidad profunda: la imagen ideológica falsificaba lo real, pero seguía siendo pensada como derivada de él. En el tercer estadio, el signo enmascaraba la ausencia de realidad profunda: la imagen simulaba una presencia que ya no existía, pero sostenía todavía el juego de la representación. En el cuarto estadio, el signo no guarda ya ninguna relación con ninguna realidad: es su propio simulacro puro, y aquí reside la hiperrealidad. Baudrillard sostiene que la sociedad contemporánea, tras las revoluciones mediática, cibernética y publicitaria, ha entrado plenamente en este cuarto estadio: los modelos, los códigos y las simulaciones ya no reproducen una realidad previa que existiría independientemente de ellos, sino que la producen técnicamente y la anteceden lógica y temporalmente, en un proceso que Baudrillard denomina precesión de los simulacros. El mapa precede al territorio y lo genera; la encuesta produce la opinión que dice medir; el reality show produce la vida cotidiana que dice registrar; los sabores artificiales establecen el patrón contra el cual las frutas reales se juzgan insípidas; las guerras contemporáneas se libran ya siempre en la pantalla y por la pantalla, hasta el punto de que Baudrillard pudo escribir provocativamente que la Guerra del Golfo de 1991 no tuvo lugar como acontecimiento real independiente de su cobertura mediática. En este régimen, la distinción clásica entre lo verdadero y lo falso, entre lo real y lo imaginario, entre el original y la copia, se disuelve, porque todo referente ha sido reabsorbido en la circulación cerrada de los signos. La hiperrealidad no es más real que lo real en un sentido cuantitativo sino ontológicamente más eficaz: opera con una consistencia y una coherencia que la realidad empírica ya no puede igualar, y produce fenómenos afectivos, políticos y económicos irreductibles a las categorías de la crítica ideológica clásica. El concepto ha sido decisivo para los estudios culturales, para la crítica mediática, para el análisis de las redes sociales, la publicidad y la política del espectáculo.

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