Definición
El idealismo empirista designa la posición filosófica original y paradójica del obispo anglicano irlandés George Berkeley (1685-1753), formulada en obras como “Ensayo hacia una nueva teoría de la visión” (1709), “Tratado sobre los principios del conocimiento humano” (1710) y “Tres diálogos entre Hilas y Filonús” (1713). Su singularidad consiste en llevar el empirismo lockeano hasta consecuencias que Locke mismo no había extraído: si todo nuestro conocimiento procede de las percepciones sensibles y no tenemos acceso a ninguna sustancia material subyacente distinta de estas percepciones, entonces la hipótesis misma de una materia extramental es inútil, contradictoria y fuente de escepticismo. Berkeley sintetiza su tesis en la célebre fórmula esse est percipi (ser es ser percibido), a la que agrega esse est percipere para los espíritus perceptores. Solo existen dos tipos de entidades: por un lado, las ideas o percepciones, que son pasivas y dependientes; por otro, los espíritus o mentes activas que las perciben. La supuesta materia inerte independiente de toda mente es una ficción metafísica insostenible, pues nada podemos concebir sino en cuanto es percibido. Berkeley responde a la objeción evidente —¿qué ocurre con las cosas cuando nadie las percibe?— mediante la introducción del espíritu infinito, Dios, cuya percepción constante sostiene la continuidad del mundo. Los objetos que llamamos árboles, casas o montañas no son otra cosa que colecciones estables y regulares de percepciones sensibles, ordenadas según leyes que Dios ha establecido y que constituyen lo que llamamos naturaleza. El idealismo empirista berkeleyano no es un idealismo trascendental como el kantiano posterior, ni un idealismo dialéctico como el hegeliano, sino una ontología sensualista teocéntrica que combina paradójicamente empirismo radical y teología cristiana. La influencia de Berkeley sobre Hume, Kant y los debates contemporáneos sobre realismo, fenomenalismo y filosofía de la percepción fue enorme y sigue siendo discutida.