El Logos — palabra, razón, ley, discurso — es una de las categorías fundacionales del pensamiento griego, con desarrollos distintos en Heráclito, los estoicos y el cristianismo.

Heráclito (siglo V a.C.):

Es el primer filósofo en usar la palabra en sentido filosófico. Para él, el Logos es:

  • La razón común que rige el cosmos.
  • La ley según la cual todo cambia (los ríos, el fuego, el ser mismo).
  • Lo que todos comparten en principio, pero que la mayoría ignora: la gente vive como dormida, ajena al Logos que ellos mismos son.

Fragmento canónico:

“Aunque este Logos es común, la mayoría vive como si tuviera un pensamiento particular.” (frag. 2)

Estoicos (siglo III a.C. en adelante):

El Logos se desarrolla como:

  • Razón universal que atraviesa el cosmos entero.
  • Providencia — el orden divino racional del mundo.
  • Ley natural — lo que los humanos debemos seguir para vivir bien (vivir “conforme al Logos”).
  • Cada ser humano tiene una chispa de Logos — su razón individual es partícipe de la razón universal.

Cristianismo (siglo I d.C.):

El evangelio de Juan comienza:

“En el principio era el Logos, y el Logos estaba con Dios, y el Logos era Dios.” (Juan 1:1)

El Logos se identifica con Cristo — la razón divina hecha carne. La filosofía griega y la teología cristiana se articulan aquí.

Herencia moderna:

  • Hegel — la razón (Logos como Espíritu) se despliega en la historia.
  • Filosofía analítica — el término se vuelve sospechoso (“logocentrismo”).
  • Derrida — deconstrucción del “logocentrismo” occidental: la primacía del habla, la presencia, el sentido pleno.
  • Filosofía hermenéutica — recupera el logos como comprensión.

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