Definición

El sentir originario constituye una de las nociones fundamentales que la filósofa española María Zambrano —discípula de Ortega y Gasset, exiliada tras la Guerra Civil española y activa filosóficamente en México, La Habana, San Juan de Puerto Rico, Roma y Ginebra hasta su regreso a España en 1984— desarrolla en su reflexión sobre las condiciones del pensamiento humano y sobre la posibilidad de una razón capaz de acoger aquello que la razón discursiva occidental ha dejado sistemáticamente fuera. La categoría aparece de manera especialmente clara en obras como Filosofía y poesía (1939), El hombre y lo divino (1955), Notas de un método (1989) y Claros del bosque (1977).

Zambrano parte de la tesis de que la filosofía occidental, desde Parménides y Platón, se ha constituido reprimiendo y expulsando a la poesía. La razón filosófica —conceptual, discursiva, argumentativa— avanza mediante distinciones, definiciones, silogismos, purificaciones lógicas; en ese avance abandona un estrato previo de la experiencia humana que Zambrano llama sentir originario: el modo en que el ser humano está afectivamente en el mundo antes de que el pensamiento conceptual lo ordene, lo separe en sujeto y objeto, y lo transforme en materia de juicio. Ese sentir originario no es sentimiento subjetivo, ni emoción psicológica en el sentido moderno del término, ni pura irracionalidad: es un estrato ontológico de la experiencia donde el ser humano se descubre en apertura, en atención, en escucha, antes de convertirse en agente cognoscitivo activo que se opone al mundo.

La razón poética, categoría central de la obra zambraniana, es el modo de pensar capaz de remontarse a ese sentir originario para dejar que se exprese sin traicionarlo, sin someterlo a la violencia definidora del concepto. La razón poética no reemplaza la razón filosófica ni la niega: la complementa allí donde esta última se muestra insuficiente, esto es, en el acceso a las regiones de la experiencia donde el sentido no se articula proposicionalmente —la infancia, el sueño, la muerte, lo divino, el exilio, la piedad, la aurora—. La razón poética piensa mediante metáforas, imágenes, cadencias rítmicas, silencios significativos; recupera el linaje que Zambrano rastrea en el pensamiento presocrático, en la mística española (San Juan de la Cruz, Santa Teresa), en Fray Luis de León, en los románticos alemanes y en poetas como Antonio Machado.

El proyecto zambraniano posee una dimensión ética y política: la razón discursiva pura, desprendida del sentir originario, ha sido cómplice de las catástrofes totalitarias del siglo XX porque, al desconocer los estratos vulnerables de la experiencia humana, ha reducido al ser humano a categoría abstracta manipulable. Recuperar la razón poética es, para Zambrano, condición del habitar humano en su plenitud y de una piedad renovada como saber tratar adecuadamente con lo otro. Su influencia sigue creciendo en la filosofía contemporánea en lengua española y en los debates sobre epistemologías del sur, feminismos y filosofía de la experiencia.

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