Definición
El cuidado del alma (epimeleia heautou, cura sui) es la exigencia ético-filosófica central que Sócrates formula en el Alcibíades I, en la Apología, en el Fedón y a lo largo de los diálogos platónicos tempranos, y que constituye para él la tarea primera y verdaderamente humana. La fórmula socrática canónica aparece en la Apología (29d-30b), cuando Sócrates, ante el tribunal ateniense que lo juzga por impiedad y corrupción de la juventud, reafirma su misión: recorrer la ciudad exhortando a los ciudadanos a no ocuparse del cuerpo ni de las riquezas antes que del alma, ni tanto como del alma, sino a cuidar de esta última con la máxima diligencia posible para hacerla lo mejor posible (hopos hōs beltistē estai).
El alma (psyché) para Sócrates no es todavía la sustancia inmortal separada del cuerpo que Platón teorizará sistemáticamente en el Fedón, ni el correlato empírico de los procesos vitales que Aristóteles describirá en De anima; se trata más bien del principio en virtud del cual el ser humano piensa, delibera, siente responsabilidad moral y decide sus acciones. Cuidarla significa examinarla críticamente mediante el diálogo dialéctico, purificarla de la ignorancia disfrazada de saber, ejercitarla en el conocimiento del bien y en el control de los impulsos irracionales. El cuidado del alma es, por tanto, indisociable del elenchos —la refutación dialógica que muestra las contradicciones internas del interlocutor y lo libera de su falsa opinión— y del examen de sí (hē tou biou exetasis), pues, como afirma la sentencia célebre, “una vida sin examen no es digna de ser vivida” (Apología, 38a).
Esta exigencia se conecta con la doctrina socrática del intelectualismo moral: nadie hace el mal voluntariamente, todo mal moral procede de un error cognitivo, luego el conocimiento del bien es condición suficiente para actuar bien. Cuidar el alma es, en última instancia, buscar el conocimiento verdadero de las cosas nobles y justas. La consecuencia política es enorme: si el mayor bien humano es la salud del alma, entonces la política tradicional —que se ocupa de riquezas, poder y honor externos— resulta secundaria e incluso perniciosa cuando desplaza el cuidado interior. Sócrates convierte así la filosofía en modo de vida, no en simple disciplina teórica.
Michel Foucault, en el curso La hermenéutica del sujeto (L’herméneutique du sujet, 1981-1982) y en el volumen La inquietud de sí (Le souci de soi, 1984, tercer volumen de la Historia de la sexualidad), recupera exhaustivamente el linaje del cuidado de sí a lo largo de la Antigüedad tardía y del cristianismo, mostrando cómo la modernidad terminó desplazándolo por el conócete a ti mismo cartesiano. La noción retorna con fuerza en el pensamiento contemporáneo sobre ética del sí, prácticas espirituales y ejercicios filosóficos (Pierre Hadot).