Definición
El materialismo dinámico constituye la ontología característica de la filosofía natural de Denis Diderot (1713-1784), figura mayor de la Ilustración francesa y director junto con Jean le Rond d’Alembert de la monumental “Enciclopedia” (Encyclopédie, 1751-1772). La posición diderotiana se despliega en obras como “Pensamientos sobre la interpretación de la naturaleza” (1753), “El sueño de d’Alembert” (Le Rêve de d’Alembert, escrito en 1769 y publicado póstumamente en 1830) y “Principios filosóficos de la materia y del movimiento” (1770). Diderot se separa del materialismo mecanicista cartesiano —según el cual la materia sería sustancia extensa inerte, movida exclusivamente por causas exteriores mecánicas—, del deísmo voltaireano —que sitúa a un dios arquitecto fuera de la naturaleza— y del vitalismo espiritualista. Su alternativa consiste en concebir la materia como esencialmente sensible, dinámica y dotada de espontaneidad interna. La materia no es sustancia muerta que requiera un principio distinto de sí misma para moverse; posee en sí una fuerza intrínseca (force intrinsèque), una sensibilidad inerte que en ciertas condiciones organizativas se transforma en sensibilidad activa consciente, y una capacidad autoorganizadora que da cuenta de la emergencia progresiva de las formas vivientes cada vez más complejas hasta llegar al hombre pensante. En “El sueño de d’Alembert”, Diderot despliega esta ontología mediante el diálogo alucinado del matemático que sueña con la continuidad ininterrumpida entre lo inorgánico y lo orgánico, entre la piedra, el musgo, el pez, el mono, el hombre, todos ellos configuraciones distintas de una misma materia sensible en evolución. La tesis anticipa notablemente las ideas evolutivas del siglo XIX y las teorías contemporáneas de la emergencia y la autoorganización. Diderot combina este materialismo dinámico con una crítica moral irreverente del despotismo, del clericalismo y de las convenciones sociales, con una defensa apasionada del arte como conocimiento sensible del mundo (en sus “Salones” y en “Paradoja del comediante”), y con una escritura filosófica experimental que utiliza el diálogo, la narración y la ironía como vehículos genuinos del pensamiento. Su influencia se extiende a la filosofía de la naturaleza romántica alemana, a Marx, a Bergson y a la filosofía del proceso contemporánea.