Definición

El nihilismo, tal como Friedrich Nietzsche lo diagnostica y elabora en sus escritos, particularmente en los cuadernos póstumos reunidos parcialmente bajo el título La voluntad de poder y en textos publicados como La genealogía de la moral (1887) y El anticristo (1888), no designa una posición filosófica que uno pudiera adoptar libremente sino un acontecimiento histórico y un proceso estructural que atraviesa la modernidad occidental como consecuencia interna de sus propios presupuestos. Nietzsche define el nihilismo en un fragmento célebre como el hecho de que “los valores supremos se desvalorizan”, proceso que no procede de una crítica externa a los valores heredados sino de la propia lógica interna de esos valores, cuya honestidad radical los conduce a descubrir su falta de fundamento. La expresión más condensada de este acontecimiento es la sentencia “Dios ha muerto”, pronunciada por el loco en el aforismo 125 de La gaya ciencia (1882) y retomada luego en el Zaratustra, sentencia que no debe leerse como afirmación teológica sino como diagnóstico cultural: aquello que Occidente había considerado fundamento último de todo sentido, valor y verdad, sea el Dios cristiano, la Idea platónica, la razón cartesiana o el progreso ilustrado, ha perdido su fuerza vinculante sin que exista aún una respuesta articulada al vacío resultante. Nietzsche distingue varias figuras del nihilismo cuya diferenciación resulta indispensable para comprender su análisis. El nihilismo pasivo es aquel que, al reconocer el derrumbe de los valores, cae en el cansancio, en el pesimismo resignado y en la búsqueda de sucedáneos consoladores como el budismo europeo, el positivismo cientificista o el hedonismo del último hombre. El nihilismo activo, en cambio, asume el derrumbe como oportunidad para la destrucción de los valores caducos y para la creación de nuevos valores, tarea que Nietzsche asigna al superhombre (Übermensch) todavía por venir. El nihilismo posee además una historia larga cuyas raíces Nietzsche rastrea en el platonismo y en el cristianismo, ambos considerados por él como formas de nihilismo encubierto en la medida en que negaban el valor de la vida terrena en nombre de un más allá inteligible o suprasensible. La superación del nihilismo constituye, según Nietzsche, la tarea filosófica fundamental de las generaciones venideras, superación que sólo puede lograrse mediante la transvaloración de todos los valores (Umwertung aller Werte).

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