Definición
La fórmula “Si Dios no existe, todo está permitido” es una síntesis condensada del problema moral que Fiódor Dostoievski explora en Los hermanos Karamázov (Bratya Karamazovy, 1879-1880), su última y más ambiciosa novela, aunque la formulación literal no aparece textualmente en la obra sino como paráfrasis interpretativa que Iván Karamázov mantiene y que su hermano menor Aliosha y otros personajes discuten en distintos momentos del relato. La tesis expresa el vértice de la crisis moral de Iván, intelectual atormentado por el problema del sufrimiento inocente y por la imposibilidad de aceptar cualquier teodicea que justifique el dolor de los niños en función de un plan divino ulterior. Iván llega a la conclusión de que si no existe Dios ni inmortalidad del alma, entonces no hay ningún fundamento absoluto para la ley moral, y en consecuencia todo está permitido, incluso el crimen atroz. Esta conclusión no se presenta en la novela como una defensa afirmativa del nihilismo sino como un dilema angustioso que atormenta a Iván y que se materializa dramáticamente cuando el hermano bastardo Smerdiákov, que ha absorbido y aplicado literalmente la enseñanza intelectual de Iván sin poseer sus escrúpulos, comete el parricidio contra el padre Fiódor Pávlovich. La responsabilidad indirecta de Iván sobre el crimen, y su consiguiente derrumbe psíquico narrado en las páginas finales de la novela, constituyen la refutación novelística de la propia tesis nihilista: quien sostiene coherentemente que todo está permitido debe cargar también con las consecuencias existenciales del asesinato realizado por otro en su nombre. Dostoievski utiliza así la novela como laboratorio experimental de las consecuencias morales del ateísmo radical, en diálogo crítico con el radicalismo ruso de su tiempo y con el nihilismo europeo emergente. La fórmula fue retomada en el siglo XX por Jean-Paul Sartre como punto de partida de su ética existencialista en El existencialismo es un humanismo (1946), donde Sartre acepta el diagnóstico dostoievskiano pero rechaza sus consecuencias nihilistas al sostener que la ausencia de Dios no autoriza la impunidad sino que arroja al ser humano a la responsabilidad radical de fundar sus propios valores. Camus dialoga también con la fórmula en El hombre rebelde, y la tradición existencial la ha convertido en emblema del problema moderno del fundamento de la moral.