La piedad es una de las categorías centrales del pensamiento de María Zambrano. Aparece en El hombre y lo divino (1955) y textos posteriores.
No es lástima. No es sentimiento condescendiente hacia el que sufre. Es una forma alta de conocimiento reverente del otro y de lo sagrado.
Tesis:
La piedad es el modo en que el ser humano se relaciona con lo que aparece sin poder abarcarlo: los dioses, el otro, el misterio del propio existir. Es “trato adecuado con lo divino y con la vida”.
Rasgos:
- Reverencia ante la alteridad irreductible del otro.
- Escucha de lo que se manifiesta sin querer dominarlo.
- Aceptación del propio no-saber. La piedad se sitúa en el punto donde el conocimiento racional se detiene.
- Ámbito religioso, ético y estético al mismo tiempo. No es reducible a ninguno.
- Antídoto contra el racionalismo dominador que quiere reducir todo a concepto.
Contra qué se opone:
- Racionalismo cartesiano — que reduce lo real a idea clara y distinta.
- Utilitarismo — que reduce el otro a cálculo.
- Ideología política dogmática — que reemplaza el trato piadoso por posesión.
Herencia:
- Filosofía latinoamericana de la razón vital (Ortega y Gasset como precedente).
- Razón poética como método (Zambrano) — se articula con la piedad.
- Filosofía del exilio (Zambrano vivió 45 años exiliada del franquismo).
- Diálogos con teología (Ellacuría, Panikkar).
- Recuperación feminista de una filosofía en la voz de una mujer no académica.
Zambrano recibió el Premio Cervantes en 1988. Su obra fue redescubierta en las últimas décadas del siglo XX y hoy es referencia central del pensamiento en español.