Definición
Ernesto Laclau formuló su teoría del populismo como lógica política a lo largo de un itinerario de tres décadas cuyo hito inicial es Política e ideología en la teoría marxista (1977), continuado en el volumen coautoral con Chantal Mouffe Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia (1985), y culminado en La razón populista (2005). Laclau desmonta programáticamente la doxa académica que consideraba el populismo como patología política de las democracias jóvenes, como demagogia irracional o como ideología antimoderna, y propone en su lugar concebirlo como una lógica de articulación política, no ligada a ningún contenido ideológico particular ni a ningún estrato social específico, sino disponible para operaciones tanto de derecha como de izquierda según la configuración concreta. La lógica populista opera mediante cuatro momentos analíticamente distinguibles pero prácticamente simultáneos. Primero, un conjunto de demandas heterogéneas queda insatisfecho por la respuesta institucional del sistema político vigente: demandas de vivienda, de empleo, de salud, de reconocimiento cultural, de participación política. Segundo, esas demandas comienzan a articularse en una cadena de equivalencias mediante la cual cada demanda, sin perder su especificidad, se identifica parcialmente con las demás como demandas frente a un mismo adversario. Tercero, uno de los términos de la cadena queda sobreinvestido y se convierte en significante vacío capaz de representar a la cadena entera y de encarnar la identidad colectiva emergente: pueblo, patria, nación, movimiento, revolución. Cuarto, este significante vacío traza una frontera antagónica que divide el espacio social entre el pueblo y su adversario, típicamente identificado como oligarquía, casta, establishment, imperio. La lógica populista se opone así a la lógica institucional-diferencial, que procesa cada demanda por separado sin construir una identidad colectiva articulada. Laclau muestra que la lógica populista no es opcional para la política: toda construcción hegemónica presupone algún grado de operación populista, y la democracia radical solo puede pensarse asumiendo su dimensión populista de manera reflexiva.