Definición
La distinción entre reglas constitutivas (constitutive rules) y reglas regulativas (regulative rules) es una contribución decisiva de John R. Searle a la filosofía del lenguaje y a la ontología social, formulada de manera sistemática en Actos de habla (Speech Acts, 1969), retomada y ampliada en La construcción de la realidad social (The Construction of Social Reality, 1995) y refinada en Creando el mundo social (Making the Social World, 2010). Searle recoge una intuición ya presente en Rawls, en el segundo Wittgenstein y en G.E.M. Anscombe, y la convierte en herramienta analítica precisa para dar cuenta de la naturaleza de las instituciones humanas.
Las reglas regulativas gobiernan una actividad que ya existe independientemente de la regla misma. Las reglas del tráfico, por ejemplo, regulan una conducta —el desplazamiento de vehículos— que preexiste a la regulación: podría haber automóviles y personas moviéndose por caminos sin ninguna norma vial, y la actividad seguiría siendo lo que es, aunque probablemente resultaría caótica. Las reglas regulativas responden típicamente a la fórmula “haga X” o “cuando ocurra Y, haga X”; su función es prescribir, coordinar y ordenar comportamientos ya posibles. Su violación es reprochable pero no destruye la actividad regulada.
Las reglas constitutivas, por el contrario, no regulan una actividad preexistente sino que crean la posibilidad misma de la actividad. Sin las reglas del ajedrez no habría partidas mal jugadas: simplemente no habría ajedrez. Sin las reglas que definen qué es un jaque mate, un peón o un enroque, los movimientos de piezas sobre un tablero serían mera manipulación de objetos de madera sin significado alguno. Las reglas constitutivas responden a la fórmula canónica “X cuenta como Y en el contexto C”: ciertos trozos de papel cuentan como dinero en el contexto de una economía monetaria; ciertos gestos y palabras cuentan como matrimonio en el contexto de una jurisdicción civil; cierta secuencia de sonidos cuenta como promesa en el contexto de una interacción entre hablantes de una lengua.
De aquí se sigue la tesis ontológica central que Searle desarrolla: los hechos institucionales —a diferencia de los hechos brutos como que el Everest tiene tal altura o que el agua hierve a tal temperatura— existen sólo en virtud de acuerdos colectivos de reconocimiento (collective intentionality). Un billete de mil pesos, un partido de fútbol, una universidad, un tribunal, un contrato de compraventa, existen porque una comunidad de agentes racionales reconoce colectivamente que cierta materialidad cuenta como cierta función institucional. Sin ese reconocimiento, la materialidad permanecería pero el hecho institucional se disolvería. Esta arquitectura permite a Searle proponer una ontología social realista pero no reduccionista, y ha sido decisiva para la filosofía política, jurídica y económica contemporánea, así como para la teoría de los actos de habla y la teoría de los juegos comunicativos.