Definición
La acción comunicativa constituye la categoría central de la obra madura de Jürgen Habermas y encuentra su elaboración sistemática en los dos volúmenes de la Teoría de la acción comunicativa (Theorie des kommunikativen Handelns, 1981). Habermas distingue esta forma de acción de otras tres, a saber, la acción teleológica orientada al éxito, la acción regulada por normas y la acción dramatúrgica, para caracterizarla como aquella interacción en la cual dos o más sujetos capaces de lenguaje y acción entablan una relación interpersonal con el propósito de alcanzar una comprensión común sobre una situación y de coordinar de común acuerdo sus planes de acción. Lo específico de la acción comunicativa no reside, por consiguiente, en el uso instrumental del lenguaje para influir sobre otro, sino en la orientación al entendimiento (Verständigung), la cual presupone que los participantes elevan mutuamente pretensiones de validez susceptibles de ser tematizadas y criticadas argumentativamente. Habermas identifica tres pretensiones de validez articuladas cada una a un mundo de referencia, la pretensión de verdad respecto del mundo objetivo, la pretensión de rectitud respecto del mundo social de las normas y la pretensión de veracidad respecto del mundo subjetivo del hablante. Cuando estas pretensiones son cuestionadas, los interlocutores deben pasar del discurso ordinario al discurso argumentativo, en el cual las razones desempeñan la única fuerza legítima, sin coacción alguna distinta de la del mejor argumento. Esta idealización, formulada bajo el nombre de “situación ideal de habla”, funciona como presupuesto contrafáctico de toda comunicación real y proporciona el criterio normativo para evaluar la calidad de las deliberaciones efectivas. La acción comunicativa articula así una teoría crítica de la sociedad que sustituye el paradigma de la filosofía de la conciencia por el paradigma intersubjetivo del lenguaje y que diagnostica la patología de las sociedades tardocapitalistas como colonización del mundo de la vida por los subsistemas del dinero y el poder administrativo. La categoría constituye además el fundamento de la teoría discursiva de la democracia y del derecho que Habermas desarrollará posteriormente en Facticidad y validez (1992).