Definición

La categoría de vindicación, aunque compartida por la tradición discursiva de los reclamos de derechos que atraviesa toda la modernidad política, adquiere en la obra de Mary Wollstonecraft una densidad conceptual singular gracias a los dos textos programáticos que la llevan en el título, esto es, la Vindicación de los derechos del hombre (A Vindication of the Rights of Men, 1790), publicada en respuesta a las Reflexiones sobre la revolución en Francia de Edmund Burke, y la Vindicación de los derechos de la mujer (A Vindication of the Rights of Woman, 1792), primer texto sistemático del feminismo moderno. La vindicación no se reduce en Wollstonecraft a una simple reclamación jurídica de derechos formales, sino que constituye un gesto discursivo denso que combina la demanda de reconocimiento igual con la crítica cultural de las condiciones que producen a las mujeres como seres subordinados, y con la propuesta pedagógica de una educación racional que les permita realizar plenamente sus capacidades humanas. Wollstonecraft parte de la aceptación de los principios ilustrados universalistas defendidos por Locke, por Rousseau y por la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, y muestra la contradicción performativa en la que incurren estos discursos al proclamar la igualdad universal de todos los seres racionales mientras excluyen sistemáticamente a la mitad femenina de la humanidad de los derechos correspondientes. La vindicación wollstonecraftiana sostiene, por consiguiente, que si la razón es el rasgo distintivo del ser humano y si las mujeres son seres racionales, entonces deben acceder a las mismas condiciones educativas, jurídicas y económicas que los hombres, sin lo cual la promesa ilustrada resulta letra muerta. La crítica se dirige con particular vehemencia contra Jean-Jacques Rousseau y su descripción de la educación de Sofía en el libro quinto del Emilio, descripción que Wollstonecraft rechaza como fabricación de mujeres artificialmente débiles, frívolas y sensuales al servicio del placer masculino. La vindicación funda así una tradición feminista de largo aliento que continuará en el siglo XIX con Harriet Taylor Mill, John Stuart Mill y las sufragistas, y que sigue siendo referencia obligada del feminismo ilustrado contemporáneo.

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