Definición
La tesis del género como construcción cultural constituye uno de los aportes más influyentes de la antropóloga estadounidense Margaret Mead a la teoría social del siglo XX, formulada especialmente en “Sexo y temperamento en tres sociedades primitivas” (1935), obra basada en su trabajo de campo entre los pueblos arapesh, mundugumor y tchambuli de Nueva Guinea. Mead demostró etnográficamente que los rasgos de personalidad, los roles sociales y las expectativas de comportamiento asociados a lo masculino y lo femenino varían radicalmente entre culturas, lo cual pone en cuestión la tesis biologicista según la cual estas diferencias derivarían de una naturaleza sexual universal y fija. Entre los arapesh, tanto hombres como mujeres exhiben rasgos que la cultura occidental atribuye típicamente a lo femenino: cooperación, cuidado maternal, dulzura, aversión a la competencia y a la agresividad. Entre los mundugumor, en cambio, ambos sexos son agresivos, competitivos y hostiles, con un desapego emocional que sorprendió a la antropóloga. Entre los tchambuli, finalmente, Mead documenta una inversión respecto al patrón occidental: las mujeres son las proveedoras, prácticas y dominantes, mientras los hombres se dedican al arte, la ornamentación personal y la vida ceremonial, exhibiendo rasgos culturalmente codificados como femeninos. De esta variabilidad extrae Mead una conclusión de largo alcance: la personalidad masculina y femenina, tal como la conocemos, no es un dato de la biología sino un producto de la cultura, susceptible de moldearse mediante procesos educativos y de crianza específicos. Esta tesis, junto con obras posteriores como “Masculino y femenino” (1949), constituyó un precedente decisivo para las teorías feministas del género de la segunda mitad del siglo XX, desde Simone de Beauvoir hasta Judith Butler, y fundó una tradición antropológica sobre cultura y personalidad.