Definición
La ley de los tres estados constituye el eje fundamental de la filosofía de la historia y de la epistemología positivista de Auguste Comte (1798-1857), formulada primero en la sexta lección del “Curso de filosofía positiva” (Cours de philosophie positive, seis volúmenes publicados entre 1830 y 1842) y expuesta también en el “Discurso sobre el espíritu positivo” (1844). Comte sostiene que el desarrollo del pensamiento humano, tanto en la historia colectiva de la humanidad como en la biografía individual de cada sujeto, atraviesa necesariamente tres estados o etapas sucesivas. En el primer estado, denominado teológico o ficticio, el espíritu humano explica los fenómenos por la acción de agentes sobrenaturales inteligentes: dioses personificados, espíritus, potencias divinas dotadas de voluntad. Este estado se subdivide a su vez en tres subetapas: fetichismo (atribución de vida a los objetos naturales), politeísmo (múltiples divinidades personales) y monoteísmo (dios único). El pensamiento teológico corresponde a la infancia del espíritu, tanto individual como colectiva, y su forma política característica es el régimen militar. En el segundo estado, denominado metafísico o abstracto, los agentes sobrenaturales son sustituidos por entidades abstractas —esencias, sustancias, causas primeras, principios universales— que actúan como causas explicativas. La metafísica es una etapa transitoria, crítica más que constructiva, cuya función histórica consiste en disolver el estado teológico y preparar el positivo; su forma política es el régimen legalista de la Revolución francesa. En el tercer estado, denominado positivo o científico, el espíritu humano renuncia definitivamente a buscar el porqué último de los fenómenos —las causas primeras y los fines— y se contenta con establecer las leyes que rigen las relaciones invariables de sucesión y semejanza entre los fenómenos observables. Este estado corresponde a la madurez del pensamiento y a la ciencia moderna, y su forma política es el orden industrial pacífico dirigido por sabios y sociólogos. Comte fundamenta en esta ley su clasificación jerárquica de las ciencias, desde las matemáticas hasta la sociología (término que él acuña), y su proyecto de una religión positivista de la humanidad. La ley influyó decisivamente en Mill, Durkheim y en el positivismo del siglo XIX.