Definición
La imaginación sociológica constituye la categoría central del ensayo homónimo del sociólogo estadounidense Charles Wright Mills, “The Sociological Imagination” (1959), texto que se convirtió rápidamente en manifiesto de una sociología crítica comprometida y en clásico fundacional de la disciplina. Mills la define como aquella cualidad mental que permite a su poseedor comprender la escena histórica más amplia en términos de su significado para la vida interior y para la trayectoria exterior de una diversidad de individuos, y viceversa. Esta imaginación es la capacidad de conectar sistemáticamente tres planos que la percepción cotidiana suele mantener separados: la biografía personal del individuo con sus experiencias, angustias y proyectos; la historia social más amplia con sus grandes transformaciones estructurales y coyunturales; y la sociedad concreta con sus instituciones, relaciones de poder y contradicciones. Mills distingue en particular entre inquietudes personales del medio (personal troubles) y problemas públicos de la estructura social (public issues). Cuando un individuo pierde el trabajo, experimenta una inquietud personal ligada a su biografía; pero cuando quince millones de personas pierden el trabajo simultáneamente en una economía nacional, se trata de un problema estructural que no puede resolverse en el plano biográfico y exige análisis y transformación de la estructura misma. La imaginación sociológica es precisamente lo que permite traducir inquietudes privadas en problemas públicos y viceversa, evitando tanto el psicologismo que reduce todo a factores individuales como el estructuralismo abstracto que ignora la experiencia vivida. Mills polemiza en la obra contra dos deformaciones de la sociología estadounidense de su tiempo: la gran teoría abstracta de Talcott Parsons, criticada por su hermetismo terminológico y su alejamiento de los problemas concretos; y el empirismo abstracto de Paul Lazarsfeld, criticado por su tecnicismo cuantitativo desprovisto de imaginación teórica. La imaginación sociológica es también inseparable de un compromiso ético-político: exige a los intelectuales asumir la responsabilidad de esclarecer las alternativas históricas disponibles.