Definición

La categoría de forma de vida (Lebensform), central en la filosofía tardía de Ludwig Wittgenstein, aparece en unas pocas pero decisivas ocurrencias de las Investigaciones filosóficas (Philosophische Untersuchungen, publicadas póstumamente en 1953) y opera como el trasfondo desde el cual los juegos de lenguaje adquieren sentido. Wittgenstein sostiene, contra la concepción representacionalista dominante en la tradición y contra su propia posición temprana en el Tractatus, que el significado de una expresión no se explica mediante la referencia a objetos ni mediante la correspondencia con estados de cosas, sino mediante el examen de los usos concretos que la expresión adquiere en las prácticas compartidas de una comunidad. La forma de vida designa precisamente el conjunto entretejido de actividades, costumbres, instituciones, reacciones naturales y modos de comportarse que sostienen y confieren inteligibilidad a los juegos de lenguaje. Wittgenstein formula esto en el aforismo célebre según el cual “imaginar un lenguaje significa imaginar una forma de vida”, con lo cual quiere decir que no es posible aislar el lenguaje del entramado práctico en el cual está incrustado, del mismo modo en que no puede pensarse el ajedrez sin el conjunto de reglas y prácticas que lo constituyen como juego. La noción posee una ambigüedad productiva que ha suscitado debates exegéticos considerables, puesto que puede leerse en un registro antropológico, refiriéndose a las culturas humanas particulares en su variedad histórica, o en un registro más fundamental, refiriéndose a la forma de vida humana en tanto que tal, distinta por ejemplo de la forma de vida animal. Esta última lectura, defendida entre otros por Stanley Cavell, subraya el carácter constitutivo de ciertas reacciones y comportamientos que constituyen el suelo natural a partir del cual toda diferenciación cultural se hace posible. La forma de vida establece los límites de la explicación filosófica, puesto que ante la pregunta radical por qué actuamos de tal o cual manera, Wittgenstein responde que llegado un cierto punto, la pala del filósofo se dobla y lo único que puede decirse es “así es como actuamos”. La categoría desactiva así toda pretensión de fundamentar el lenguaje y las prácticas en una instancia metafísica externa y devuelve al pensamiento a la aceptación de nuestra condición situada.

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