Definición
La distinción entre significante (signifiant) y significado (signifié) constituye el corazón de la teoría del signo lingüístico que Ferdinand de Saussure elabora en el Cours de linguistique générale, publicado póstumamente en 1916 a partir de las notas de sus cursos dictados en Ginebra entre 1907 y 1911. Saussure define el signo lingüístico no como la unión de una cosa y una palabra, sino como la unión indisoluble de dos faces psíquicas: una imagen acústica, que denomina significante, y un concepto, que denomina significado. La primera no es el sonido físico ni la onda material que llega al oído, sino su huella psíquica, la representación mental que el hablante posee de la secuencia sonora; el segundo no es la cosa referida en el mundo, sino el concepto asociado en la conciencia lingüística de la comunidad hablante. Este desplazamiento del signo desde el par cosa-palabra hacia el par concepto-imagen acústica sitúa la lingüística en el terreno propio de las estructuras mentales colectivas y funda la posibilidad de una ciencia autónoma del lenguaje. Saussure enuncia dos principios fundamentales acerca del signo. El primer principio, la arbitrariedad del signo, sostiene que no existe ninguna relación natural, motivada o necesaria entre significante y significado; el lazo que los une es puramente convencional y social, tal como muestra el hecho de que el mismo concepto se exprese mediante distintas imágenes acústicas en distintas lenguas. El segundo principio, la linealidad del significante, señala que la naturaleza auditiva del significante lo obliga a desplegarse en el tiempo según una secuencia unidimensional, condición que estructura la gramática de las lenguas naturales. Saussure articula además el signo con las dicotomías lengua/habla, sincronía/diacronía y valor/significación, mostrando que el signo no posee sentido en aislamiento sino sólo por oposición diferencial con los demás signos del sistema. La distinción funda el estructuralismo lingüístico posterior de Jakobson, Hjelmslev y Benveniste, se traslada a la antropología de Lévi-Strauss, y es reformulada críticamente por Lacan, Derrida y Barthes en el postestructuralismo.